El “turismo sostenible” ¿marketing verde o alternativa postcapitalista?


Bernard Duterme
CETRI

Al mismo tiempo palanca y producto de la globalización, el turismo internacional constituye de facto un sector económico considerable. Sin embargo, los importantes costes y beneficios que genera siguen muy mal repartidos. ¿Su conversión anunciada como motor de “desarrollo sostenible” cambia la situación? Combinada con un mandato de menos “frenos” reguladores, la operación de greenwashing o lavado verde del turismo mundial deja intacta su lógica de expansión nociva y desigualitaria.
En el contexto de las Cumbres internacionales de la Tierra, del Clima, del Desarrollo, etc., un sector es impulsado hoy más que nunca por sus promotores y consumidores: ¡el “turismo sostenible”! Para la Organización Mundial del Turismo (OMT), esta llamada que tiene toda la pinta de un oxímoron comparable a esos «4x4 que salvan el planeta», no es tal cosa. La industria turística, su hijo querido, se afirma claramente como uno de los principales motores mundiales del “crecimiento económico”, del “desarrollo humano equitativo” y de la “protección del medio ambiente”, los tres pilares del concepto esponjoso de “sostenibilidad” en un solo y mismo movimiento. Aún más ambicioso, el secretario general de la OMT se compromete, él y su organización, “a aportar una respuesta coherente a los imperativos del clima y del desarrollo, posicionando el turismo en el corazón de la transformación hacia la ‘Green Economy’”. Nada menos.
Beneficios copiosos, costes problemáticos
En cuanto al peso económico del turismo, a la OMT no le falta razón. A la vez palanca y producto de la globalización y de la aceleración de flujos, el sector es imprescindible: primer puesto de comercio internacional, un empleo de cada doce a escala planetaria, un décimo del producto mundial bruto, un tercio de las exportaciones de servicios (45% en los países en desarrollo), mil millones de desplazamientos turísticos fuera de las fronteras nacionales en 2012 (en comparación con los 200 millones de desplazamientos en 1975), y siempre, desde hace seis decenios, una tasa de crecimiento media anual que supera el 5%.
Sin embargo, si la industria turística globalizada genera efectivamente movilidad, divisas, infraestructuras y empleo, es necesario reconocer que, generalmente, reparte muy mal los costes y beneficios de la operación. Por un lado, se da una concentración del grueso de los beneficios en las manos de un puñado de grandes tour-operadoras privadas transnacionales (de 55% a 95% según los destinos), tendencia exacerbada por la integración creciente del sector y la comercialización en línea; por otro lado, los impactos sociales, medioambientales y culturales problemáticos en cadena se sitúan principalmente en las regiones anfitrionas, en particular en los países del Sur, donde la relación objetiva entre “visitantes” y “visitados” es la más asimétrica. Allí, donde los salarios precarios de la mano de obra hotelera y la proliferación de pequeños trabajos informales no bastan para compensar los efectos concomitantes de la implantación turística : presiones inflacionistas, folclorización de las culturas, consumo de las costumbres, y presiones crecientes sobre el alojamiento, la alimentación, la tierra, el agua… en ecosistemas ya saturados o vulnerables.
¿Solución e ilusión “sostenibles”?
¿La “sostenibilidad” anunciada del “nuevo turismo” cambia la situación ? Ese papel que le ha sido atribuido en el advenimiento de una Green Economy planetaria, más equitativa y más respetuosa con las sociedades y su medio ambiente, ¿es verdaderamente creíble ?. Desde los “proyectos de impulso“ de la OMT en materia de “eficiencia energética” de balnearios, de eco-performance de los sistemas de regadío de los campos de golf, de “compensación carbono” de ciertos desplazamientos aéreos... hasta la explosión a todos los niveles de un “turismo de nichos” -comercial o asociativo, de facto elitista- para turistas bobos (1) (en busca de verde, de voluptuosidad y de viajes legítimos “al fin del mundo”), cuesta vislumbrar los inicios de un verdadero e imprescindible cambio de perspectiva. Un cambio que esté en condiciones de invertir la actual relación costes/beneficios del “orden turístico” dominante y de asegurar así su sostenibilidad -como la democratización planetaria del derecho a la movilidad…
Pero no soñemos. Sin ni siquiera hablar del entusiasmo de los principales tour-operadores por una moda verde que no supera el estricto greenwashing, cínico o ingenuo, de su oferta, la promoción por parte de la OMT de la Green Economy contiene en sí misma, sistemáticamente, su antídoto liberal. Como prueba, la mayoría de las declaraciones oficiales de la agencia onusiana –que incluyen ya su virtuoso “Código mundial de ética” de 2001– yuxtaponen los generosos mandatos en pro de formas de turismo más apropiadas, más ecológicas, más equitativas, más responsables… al sempiterno credo librecambista, de “fronteras abiertas”. Los estados del Sur son así constante y explícitamente invitados por la OMT a “eliminar o corregir las trabas, impuestos y cargos específicos que penalizan la industria turística y conllevan perjuicios a su competitividad”, de forma que “aseguren plenamente a las empresas multinacionales [del sector] la libertad de invertir y operar comercialmente”, con el objetivo, de “estimular el crecimiento económico”. Fuera entonces toda veleidad, incluso tímida, de regulación pública de uno de los sectores de la economía mundial menos regulado.
Lógica nociva y desigualitaria
Es la hora de la competencia desenfrenada entre países deseosos de atraer los inversores del « gran mercado del dépaysement(2) », aunque sea altamente elástico, volátil, y… desigualitario. La nivelación a la baja de toda norma social, medioambiental y fiscal se impone (a quien quiera extender una alfombra roja más acogedora que la del vecino) y sigue hipotecando las raras tentativas reguladoras que aspiran a subordinar los intereses de los tour-operadores a los de los habitantes de los países anfitriones, de las generaciones futuras y de su medio ambiente. Se da por lo menos una paradoja al hablar de «turismo sostenible» y «economía verde», cuando la lógica misma de expansión del sector –mercantilización generalizada de los lugares y los comportamientos, apropiación privativa del patrimonio y los bienes públicos, desregulación– se confirma una vez más. Profundamente nociva y no igualitaria.

Notas:
 (1) Contracción de bourgeois-bohèmes, burgués bohemio, con matiz despectivo. Parecido a «la progresía» o la «izquierda champagne» (Nota de la traductora).
 (2) Sensación de desubicación y desconcierto cuando se llega a un país por primera vez (Nota de la traductora).
Fuente: http://www.cetri.be/spip.php?article3221 (Artículo traducido del francés por Natalia Sagrario) - Imagenes: www.slideshare.net - turismosantignasivibes.com - turismo-sostenible.net

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