lunes, 31 de marzo de 2014

Diez tesis sobre la crisis de la modernidad

Víctor M. Toledo

Se hace una apretada síntesis de lo que significa la crisis de la civilización industrial o moderna, a partir de una mirada histórica que contempla el paisaje completo del pasado humano y de la vida. Se plantea que el dilema central es entre tradición y modernidad, y que para remontar la crisis se requiere remontar el dominio del racionalismo, la dependencia de la energía fósil, el abandono al que se ha condenado al individuo y la fase corporativa del capitalismo. Se identifica la construcción del poder social como la piedra axial de una ecología política verdaderamente emancipadora. Se concluye que las próximas décadas serán cruciales pues se habrá de vivir el conflicto supremo entre el mono demente y el mono pensante, entre los intereses particulares y perversos y la conciencia cósmica. De ello dependerá la supervivencia de la especie humana o su desaparición.

1. La Mirada Histórica. Resulta imposible una visión acertada de la crisis actual, si se carece de una perspectiva histórica1. Pero no solamente de la historia de los historiadores, sino la historia de los arqueólogos, de los paleontólogos, de los biólogos, de los geólogos y de los astrofísicos2. El panorama revelado por la investigación científica, es decir por el pensamiento racional, ofrece datos concretos acerca del devenir humano y social, del mundo vivo, del planeta y del universo. Comprender la vida o el devenir del planeta o la evolución de los homínidos, resulta necesario para entender los procesos sociales. Buena parte de la tozudez humana proviene de la estrechísima mirada de los analistas y estudiosos, de su ausencia de memoria, de su visión casi instantánea, rasgo inequívoco de la propia crisis.
2. Crisis de civilización. El mundo moderno es un invento social de hace apenas unos trescientos años. Un origen difícil de precisar pero que se ubica en algún punto donde confluyen industrialismo, pensamiento científico, mercado dominado por el capital y uso predominante de petróleo. El inicio de la ciencia puede fecharse de manera “oficial”, en 1662 y 1666, años en que se fundaron las primeras sociedades científicas en Inglaterra y Francia. El estreno de un pozo petrolero regurgitando “oro negro” tuvo lugar el 17 de agosto de 1859 en el sureste norteamericano. La industrialización y el capitalismo son procesos difíciles de datar, pero ambos no van más allá de los tres siglos.
3.En la perspectiva de la historia de la especie, de unos 200,000 años, la aparición de la era moderna ocurrió en apenas «un abrir y cerrar de ojos». En unas cuantas décadas se pasó de un metabolismo orgánico a un metabolismo industrial. La crispación que hoy se vive se debe, fundamentalmente, a lo ocurrido en los últimos cien años, un lapso que equivale solamente al 0.05% de la historia de la especie humana. En el parpadeo del último siglo, todos los procesos ligados al fenómeno humano se aceleraron, incrementando sus ritmos a niveles nunca vistos y generando fenómenos de tal complejidad que la propia capacidad del conocimiento humano ha quedado desbordada. El siglo XX ha sido entonces la época de la consolidación del mundo moderno, industrial, capitalista, racional, tecnocrático, y de su expansión por todo el planeta.
4.Vivimos una crisis de la civilización industrial cuyo rasgo primordial es la de ser multidimensional, pues reúne en una sola trinidad a la crisis ecológica, a la crisis social y a la crisis individual, y dentro de cada una de estas a toda una gama de (sub)dimensiones. Esto obliga a orquestar diferentes conocimientos y criterios dentro de un solo análisis, y a considerar sus ámbitos visibles e invisibles. Se equivocan quienes piensan que la crisis es solamente económica o tecnológica o ecológica. La crisis de civilización requiere de nuevos paradigmas civilizatorios y no solamente de soluciones parciales o sectoriales. Buena parte de los marcos teóricos y de los modelos existentes en las ciencias sociales y políticas están hoy rebasados, incluidos los más críticos.
5.Estamos entonces en un fin de época, en la fase terminal de la civilización industrial, en la que las contradicciones individuales, sociales y ecológicas se agudizan y en el que la norma son cada vez más los escenarios sorpresivos y la ausencia de modelos alternativos. Vista así, la crisis requiere de un esfuerzo especial, pues se trata de remontar una época que ha afectado severamente un proceso histórico iniciado hace miles de años, de relaciones visibles e invisibles: el metabolismo entre la especie humana y el universo natural.
6. El papel crucial de la ciencia y la tecnología. Estos últimos tres siglos han sido una sucesión continua de transformaciones vertiginosas, inusitadas y hasta compulsivas. La ciencia apuntaló a través de la tecnología el desarrollo del capitalismo y éste impulsó a niveles inimaginables el desarrollo de la ciencia. El conocimiento permitió la construcción de máquinas cada vez más sofisticadas, de edificios, puentes, aparatos, carreteras, substancias artificiales, fuentes de energía, materiales diversos, medicamentos, organismos manipulados, medios de comunicación y de transporte. El poder de la especie humana se multiplicó a niveles sin precedentes, tanto para construir como para destruir. El mundo moderno, profano y pragmático, que fue y sigue siendo un producto del conocimiento racional, modificó radicalmente visiones, instituciones, reglas, costumbres, comportamientos y relaciones sociales. El conocimiento, en íntima relación con la empresa, triunfó sobre todas las cosas, y transformó como nunca antes.
7.La ciencia (y sus tecnologías) al servicio del capital, es por fortuna dominante pero no hegemónica. Contrariamente a lo que se pregona y sostiene, no hay una sola ciencia (“La Ciencia”) sino muchas maneras de concebir y de hacer ciencia y de producir tecnologías. Al interior de la gigantesca comunidad científica existen minorías críticas de contracorriente que buscan un cambio radical del quehacer científico y la democratización del conocimiento. Por ello, toda superación de la crisis actual supone un cambio radical en la manera de generar y aplicar ciencia y tecnología. Mientras no existan propuestas alternativas de conocimiento científico no podrá remontarse la crisis; el conocimiento seguirá encadenado al capital.
8. Tradición y Modernidad. Una de las claves para la correcta comprensión de la crisis de la modernidad, y su posible superación, atañe a la significación cultural de los mundos que se ubican antes o por fuera de ese mundo moderno. Las periferias espaciales y temporales que por fortuna aún existen como enclaves pre-modernos o pre-industriales, son estratégicas para la remodelación de la sociedad actual. Por lo común lo tradicional se opone (contrasta) a (con) lo moderno.
9.Durante más del 99% de su historia, el ser humano aprendió a convivir y a dialogar con la naturaleza, al considerarla una entidad sagrada y al concebir a sus principales elementos como deidades y dioses. También aprendió a formar colectivos basados en la cooperación y la solidaridad, la sabiduría de los más viejos y el uso de una memoria comunitaria y tribal. La época de oro de la especie humana tuvo lugar hace unos 5,000 años cuando cerca de 12,000 culturas, distinguidas por la lengua y distribuidas por todos los hábitats del planeta, aprendieron a vivir en comunidades o aldeas soportadas por relaciones armónicas con sus recursos locales. La aparición de sociedades no-igualitarias cada vez más complejas, permitió el incremento de la población, del comercio y del conocimiento, pero también desencadenó usos imprudentes de los recursos naturales.
10.La historia que siguió a esa época de equilibrio, no ha sido más que la historia de una doble explotación, social y ecológica, un largo proceso de degradación y decadencia que alcanza su cenit con el advenimiento de la modernidad. Hoy como nunca antes, a pesar de los avances tecnológicos, informáticos y sociales (como la democracia), la especie humana y su entorno planetario sufren los peores procesos de explotación y destrucción.
11.En lo que queda de tradicional en el planeta, 7,000 pueblos indígenas con una población estimada en 400 a 500 millones, se encuentran las claves para la remodelación de las relaciones sociales y de las relaciones ecológicas, hoy convertidas en meras formas de explotación del trabajo humano y de la naturaleza. Por ello resultan de enorme interés los experimentos políticos que viven países como Bolivia y Ecuador donde los gobiernos se nutren de elementos de la cosmovisión indígena. Ello no significa una vuelta romántica al pasado (tentadora opción), sino la síntesis entre tradición y modernidad, que es la disolución de su conflicto. Pues así como no se pueden eliminar los preceptos rescatables de lo tradicional, tampoco se pueden desdeñar los de los tiempos modernos.
12. La crisis del racionalismo y el re-encantamiento del mundo. La ciencia dio lugar al nuevo «cosmos oficial» del mundo moderno. El conocimiento científico ha revelado el macrocosmos y el microcosmos, desconocidos ambos por los seres pre-modernos. Sobre este cosmos profano que reconoce todo ciudadano moderno, se montan, a manera de componentes no deseados, toda una serie de otros cosmos, secundarios, marginales o alternativos, que se empeñan por mantener vigente, de mil maneras, un cosmos sagrado.
13.Pero el imperio de la razón, generó a su vez una nueva contradiccón. El racionalismo, que ineludiblemente separa al sujeto del objeto de su observación y análisis, profanó una visión del mundo que había prevalecido y operado exitosamente durante el largo pasado, y quebró la unidad que existía entre individuo, sociedad y naturaleza. Esta vez la visión secularizada, objetiva y científica de la realidad, prometió mitigar la angustia mediante una oferta tentadora: la construcción de un mundo pleno de satisfactores, cómodo y seguro, donde quedarían satisfechas la mayor parte de las necesidades. Este «mundo feliz» tendría como sus fundamentos el uso creciente y perfeccionado de los conocimientos científicos y tecnológicos, puntualmente orientados por un ente económico superior: el mercado. La fe en el progreso, el desarrollo y un futuro cada vez mejor, compensó la ausencia de creencias divinas en la que devino la nueva concepción moderna y racional de la realidad. Pero esta sustitución que dejó atrás el encantamiento del mundo, condenó al mono racional a vivir frente a una realidad que se analiza y se fracciona por medio de instrumentos, fórmulas, teoremas, ecuaciones, experimentos, pero que de nuevo carece de un significado como totalidad. El ser moderno, ha quedado a la deriva desprovisto de brújula; por ello se hace necesario un re-encantamiento del mundo, una reconexión del individuo consigo mismo, con los otros y con la naturaleza, que no es más que el concepto del “buen vivir” de las cosmovisiones indígenas.
14. El individuo olvidado. En un mundo orientado por una racionalidad instrumental, materialista y tecnocrática, las soluciones a la crisis se buscan por lo común en los procesos de innovación tecnológica, los ajustes al mercado, los productos que se consumen, los sistemas de producción, los instrumentos financieros o políticos, los medios masivos de comunicación; y muy rara vez en el individuo, en el ser y sus expresiones más cercanas, sutiles y profundas: su cultura, su comunicación, sus problemáticas, sus relaciones con él mismo y con los demás, incluidas sus maneras de organizarse y de resistir. No se puede buscar la transformación de las «estructuras externas» y visibles de los procesos vastos y gigantescos de la sociedad y de la naturaleza, sin explorar el mundo (interno, doméstico y organizacional) del individuo. El ser humano, es un ente complejo que busca el equilibrio entre razón y pasión, pensamiento y sentimiento, cuerpo y espíritu. Es un ser cuyas conductas y decisiones se rigen no solamente por el mundo consciente del día sino por el universo inconsciente de la noche y de los sueños. El ser humano, la cultura a la que pertenece y que recrea, sus vidas cotidianas, y las instituciones y organizaciones que inventa para enfrentar, resistir y remontar la crisis, son las claves ocultas, las dimensiones intangibles que la reflexión crítica debe integrar. Es Occidente por fin mirando a Oriente.
15. La conciencia de especie. Hoy, el conocimiento coherente y completo de los procesos históricos y actuales, naturales y sociales, permite al ser humano adquirir una conciencia sin concesiones. Una mirada limpia sobre lo que acontece. La conciencia de especie permite recobrar una percepción original del ser humano, hoy casi olvidada o suprimida en la realidad industrial: la de su pertenencia al mundo de la naturaleza. También lo conduce a restablecer un comportamiento solidario con sus semejantes vivientes (humanos y no humanos) y no vivos y a edificar una ética de la supervivencia basada en la cooperación, la comunicación y la comprensión de una realidad compleja.
16.Bajo la conciencia de especie ya no sólo se pertenece a una familia, a un linaje, a una comunidad, a una cultura, a una nación, o a una cofradía religiosa o política. Antes que todo se es parte de una especie biológica, dotada de una historia y necesitada de un futuro, y con una existencia ligada al resto de los seres vivos que integran el hábitat planetario y, por supuesto, en íntima conexión con el planeta mismo. La conciencia de especie otorga a los seres humanos una nueva percepción del espacio (topoconciencia) y del tiempo (cronoconciencia), que trasciende la estrechísima visión a la que le condena el individualismo, racionalismo y pragmatismo del homo economicus.
17. La era del poder social. Hoy vivimos el pináculo del capital y, más específicamente, del capitalismo corporativo. Como nunca antes las grandes compañías han tenido ganancias record, y si no, si han entrado en bancarrota, se han dado el lujo de ser rescatadas por los impuestos ciudadanos. Esto ha sido así porque el poder económico ha sojuzgado al poder político, hasta tal punto que en muchos casos es imposible distinguir si se trata de un político que se dedica a los negocios o un empresario que se dedica a la política (ahí están los casos emblemáticos de G. Bush, V. Fox, S. Berlusconi y S. Piñera). Frente a esta amalgama de intereses, la gran derrotada ha sido la sociedad civil, los ciudadanos que han visto menguado su poder de decisión. Hoy, la devastación del mundo de la naturaleza corre en paralelo a la explotación del esfuerzo de los trabajadores. Solo, el capital liberado de candados y restricciones, destruiría al planeta entero si ello fuera rentable, de la misma manera que exprimiría hasta la última gota de sudor de los empleados y trabajadores, y abusaría impíamente de los consumidores.
18.El gran desafío es entonces la re-constitución del poder social y el control ciudadano sobre los procesos económicos y políticos. Ello supone construir o re-construir el poder social en territorios concretos. En esta perspectiva, la superación de la crisis será la sustitución paulatina y gradual de las actuales instituciones por aquellas creadas por el poder ciudadano. A las gigantescas compañías monopólicas seguirán las cooperativas, microempresas y empresas de escala familiar; a los grandes bancos, cajas de ahorro, bancos populares y cooperativas de crédito; a las cadenas comerciales el comercio justo, orgánico y directo entre productores y consumidores. A la producción estatal o privada de energías fósiles y del agua, seguirá la producción doméstica o comunitaria de energías solares y renovables y de agua; a los grandes latifundios, base de los agro-negocios, las reformas agrarias de inspiración agro-ecológica; a los espacios naturales, escénicos y de esparcimiento hoy privatizados, su reconversión en espacios públicos y gratuitos administrados por los ciudadanos locales. Y, naturalmente, los presupuestos participativos.
19. ¿Revolución o metamorfosis? Aunque muchas cosas han cambiado, un precepto que sigue vivo no obstante su obsolescencia es la idea de revolución, de cambio súbito y violento. Imbuido de una fuerza épica descomunal, la idea de revolución encierra dones sagrados como el sacrificio, la entrega, la gloria, el heroísmo, todo lo cual da un sentido a la existencia de quienes se involucran. Hoy, en la era de la comunicación, la información, el conocimiento y la democracia, el cambio social requiere de nuevas fórmulas. La sociedad civil organizada, liberada ya del control de los poderes económico y político, debe conformar núcleos, redes, organizaciones basadas en la cooperación, el conocimiento, la comunicación y la toma democrática de decisiones. La construcción del poder social en territorios concretos, debe ser un proceso expansivo, combinado cuando sea posible con la toma del poder político, en este caso con el único fin de consolidar, multiplicar y expandir… el poder social. Ello da lugar a una nueva idea de cambio, como proceso gradual y acumulativo, y por ello recuerda al fenómeno de la metamorfosis. Dejar atrás la idea de revolución para sustituirla por la de metamorfosis, otorga una visión anclada en la vida cotidiana, que se expresa en acciones concretas, y que permite proyectar el cambio en el corto, mediano y largo plazo.
20. ¿Homo sapiens u Homo demens? Quienes hoy alcanzan a vislumbrar limpiamente la situación que se vive, que lo mismo produce angustia que temor, parálisis o desilusión, logran rescatar la dimensión más acabada del pensamiento crítico. Que no es de izquierda ni de derecha, ni conservador ni progresista, pues hoy las geometrías ideológicas han quedado rebasadas. Ellos han adquirido una “conciencia de especie”, una “ética planetaria”, una “inteligencia global”. Esta conciencia es fundamentalmente el reconocimiento de que la nuestra es también una especie mortal, una especie que dependiendo de las acciones actuales presentes y futuras puede llegar a desaparecer, y que por lo mismo se ha vuelto una especie amenazada de extinción. Lo anterior obliga a plantear las siguientes preguntas: ¿No hay en realidad una brecha tajante y profunda entre el ser humano dotado de esa conciencia de especie y el que carece de ella? ¿No parece que se procrean en realidad dos especies (sociales, culturales, ontológicas) dentro de un mismo gremio biológico? ¿No estamos por lo tanto frente a dos miembros radicalmente distintos de una misma especie biológica? En suma, ¿no estamos reconociendo a dos especies diferentes, el “mono demente” (Homo demens) y el “mono pensante” (Homo sapiens), de cuya conflictividad y su resolución dependerá el futuro de la humanidad, el resto de los seres vivos y el planeta entero?

Notas
1  Publicado en: Rojo Amate 2: 7-11. 2010. www.rojoamate.com
2  Las 10 tesis aquí enunciadas, se encuentran más desarrolladas en mis ensayos: “¿Contra Nosotros? La conciencia de especie y el surgimiento de una nueva filosofía política” (2009). En Polis. Revista de la Universidad Bolivariana, Vol. 8 Nº 22: 219-228 (www.scielo.cl/pdf/polis/v8n22/art13.pdf.); y “Las claves ocultas de la sostenibilidad: transformación cultural, conciencia de especie y poder social”. En La Situación del Mundo 2010. Icaria Editorial y World Watch Institute. Madrid.
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Para citar este artículo
Referencia electrónica
Víctor M. Toledo, « Diez tesis sobre la crisis de la modernidad », Polis [En línea], 33 | 2012, Puesto en línea el 23 marzo 2013, consultado el 05 febrero 2014. URL : http://polis.revues.org/8544 ; DOI : 10.4000/polis.8544
Autor Víctor M. Toledo Centro de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM campus Morelia, México. Email: vtoledo@oikos.unam.mx
Artículos del mismo autor ¿Contra nosotros? [Texto integral] La conciencia de especie y el surgimiento de una nueva filosofía política


‘The Economist’ llama a salvar el capitalismo… de los propios “compinches” capitalistas

Por: Carlos Enrique Bayos

“Igual que en América [por EEUU] al comienzo del siglo XX (…) Se ha puesto en marcha una revolución para salvar el capitalismo de los propios capitalistas”, asegura el prestigioso –y todavía más conservador– semanario The Economist en su cover story titulada The new age of crony capitalism, calificativo este último que aunque suele traducirse en español por “clientelar”, en realidad procede del término “compinche” en inglés.
Tan preocupados están los editores de The Economist con La nueva era del capitalismo de los amigotes (como también se podría traducir su tema de portada) que incluso han creado un nuevo y elaborado “índice del crony-capitalism” con el que se puede registrar la tendencia de cada país (siempre que sea capitalista, claro) a crear plutócratas cuya fortuna se ha multiplicado gracias a sus estrechas relaciones con el poder político, que a su vez fomenta el desmesurado enriquecimiento de esa élite de magnates bendiciéndoles con el favoritismo de medidas fiscales discriminatorias, adjudicaciones de obras públicas a dedo, subvenciones gubernamentales privilegiadas, permisos oficiales arbitrarios, etc. ¿Les suena?
La revista publica la primera tabla internacional de ese index, con “el ranking ordenado por la riqueza del sector del enchufismo”, en el que los primeros lugares los ocupan milagros del capitalismo como Hong Kong (1º) o Singapur (5º) pero donde también figuran en lugares destacados Reino Unido (15º), EEUU (17º), Francia (20º) y Alemania (23º). Curiosamente, España no figura en el listado, no sé si porque nos salimos de la tabla o porque han sido incapaces de aplicar su econométrica a nuestras corruptelas.
En cualquier caso, The Economist reconoce que “el 1% más rico de la población se ha beneficiado desproporcionadamente de 20 años de globalización y forma una nueva nación virtual de la codicia”, tal como descubre Chrystia Freeland en su obra Plutocrats. The Rise of the New Global Super-Rich and the Fall of Everyone Else (Plutócratas. El ascenso de los nuevos super-ricos globales y la caída de todos los demás). Más aún, la revelación sobrevenida a la biblia del neocapitalismo le ha mostrado la luz:
“Los precios inmobiliarios disparados han enriquecido a los promotores que dependen de las recalificaciones para sus proyectos. El boom de las materias primas ha inflado el valor de yacimientos petrolíferos y minas, que invariablemente están entrelazados con el Estado. Algunas privatizaciones han permitido que los potentados ordeñen los monopolios públicos o se hagan con el capital a bajo precio (…) El rescate de los bancos ha implicado la transferencia de una enorme cantidad de riqueza a los financieros; los lobistas han adquirido una influencia desmesurada…”
¡Vaya por Dios! ¡The Economist se ha caído del caballo camino de Damasco! Parece mentira que en todos estos años sus eminentes analistas hayan sido incapaces de vislumbrar tan irrefutables evidencias.
En resumen, escribe el anónimo –como es habitual– redactor de Planet Plutocrat: “Los megamillonarios de los sectores corruptos han disfrutado hasta ahora de un siglo excelente. En los países emergentes, sus fortunas se han duplicado en relación al tamaño de la economía y ya equivalen a más del 4% del PIB, frente al 2% del año 2000”.
Pero esta prodigiosa conversión del que fuera gran paladín del capitalismo no basta. El premio Nobel de Economía y catedrático de la Princeton University (Nueva Jersey), Paul Krugman, está dedicado a una auténtica cruzada contra las tremendas desigualdades que generan políticas conservadoras como las de nuestro inefable ministro Montoro, siempre dispuesto a aleccionarnos sobre la trivialidad del abismo entre pobres y ricos, frente a los inmensos beneficios que deberá reportarnos el futuro crecimiento económico que nos traerá su inestimable austeridad presupuestaria.
En la última entrada de su blog La conciencia de un liberal, que publica en The New York Times desde hace 15 años, Krugman cita a uno de los teóricos del desarrollismo (Robert Lucas, del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis) quien afirma: “Entre las tendencias dañinas para una economía saludable, la más seductiva y en mi opinión más venenosa, es la que se centra en la [re]distribución” de la riqueza. Eso mismo es lo que debe pensar Montoro cuando le dice a Cáritas que “no provoque” con sus informes que revelan que España es el segundo país con mayor pobreza infantil de Europa, sólo por detrás de Rumanía.
Krugman rebate elegantemente el argumento de Lucas citando un nuevo informe que revela que “uno de los aspectos más cruciales del bienestar, la malnutrición infantil, no mejora en absoluto por un crecimiento más rápido” de la economía. Eso se puede medir muy fácilmente en los países en desarrollo, ya que sus consecuencias en los niños son muy claras: la malnutrición provoca discapacidades a muy temprana edad. Pero el estudio descubrió que el rápido crecimiento económico “tiene un efecto general prácticamente nulo” en los índices de subdesarrollo metabólico y de raquitismo de la población infantil.
¿Por qué? Bien fácil. Porque las causas de esas lacras son “la desigualdad en la distribución de la riqueza y la falta de implementación eficaz de los servicios públicos” básicos. Carencias que no se solventan en absoluto con el crecimiento dentro de un sistema de crony-capitalism, como diría The Economist. Sólo hay que mirarnos en el espejo de EEUU: el 1% más rico se apropió del 93% de todas las ganancias obtenidas en el primer año de recuperación económica.
Ése es el inmediato futuro que nos espera con las recetas económicas de Montoro. ¿Cuál es el tratamiento que propone para los 2.826.549 niños españoles que viven en riesgo de pobreza o de exclusión social (el 33,8% de la población infantil de nuestro país)?
Ah, no. Ahora caigo. Esas cifras no figuran entre los cálculos del ministro de Economía.

 Publicado en: El tablero Global - Imagen: Peña Moron www.laestrella.com.pa

Los santuarios del abismo: Crónica de la catástrofe de Fukushima


Juan Vera

No viene mal, hoy día que el Gobierno está pensando ampliar el plazo de vida útil de las centrales nucleares de cuarenta a cincuenta o sesenta años, detenerse en la lectura de Los santuarios del abismo, una crónica de la catástrofe de Fukushima. 
Los autores, Nadine y Thierry Ribault, recorren –casi podría decirse que minuto a minuto– el transcurso de los acontecimientos desde que el nueve de marzo de 2011 se registrara el primer temblor de la serie que sacudió la región hasta señalar el inquietante olvido en que ha caído hoy uno de los mayores accidentes nucleares de la Historia.
El libro, aunque escrito desde la indignación, no escatima en datos objetivos para señalar que la catástrofe no fue únicamente la explosión del tercer reactor de la central nuclear de Fukushima Daiichi, sino principalmente la gestión que del accidente hicieron sin excepción: el Gobierno y su administración, las empresas e instituciones, algunos científicos de renombre, la comunidad internacional, los medios de información, las organizaciones de ayuda y las organizaciones de criminales. Todos ellos de cierta manera apoyados por una población –que si bien estaba sumida en el caos– también lo estaba en la inercia de delegar sus responsabilidades de conocimiento y acción en una clase dirigente más ocupada en pensar cómo sacar rentabilidad económica del desastre que de minimizar su impacto.
De modo que Los santuarios del abismo no es, como cabría esperar, la crónica de un acontecimiento donde el hombre se enfrenta a la naturaleza sino la crónica del hombre enfrentado trágicamente al hombre. Una crónica que por momentos relega a un segundo plano los nombres propios, las fechas o los topónimos para aproximarse más certeramente al retrato de una –como cualquier otra– sociedad contemporánea.
Tras la lectura, no es sólo indignación lo que sentimos sino estupor. Estupor porque tomamos de nuevo conciencia –una conciencia que debería atormentarnos– que a eso que llamamos sistema contribuimos a construirlo minuto a minuto, unos y otros, poderosos y/o desclasados, cuando somos incapaces de pensar que existe otra posibilidad. –Así, por poner sólo un ejemplo, las pocas personas que fueron capaces de organizarse en torno a lo que bautizaron como “Proyecto 45” para tener conocimiento de primera mano de los índices de radiación a los que estaban expuestos, fueron tratados por una gran mayoría como ”agoreros” y por consiguiente, sufrieron las consecuencias de la discriminación–. Se trata de la posibilidad de no ver el mundo dividido entre quienes tienen y no tienen, quienes aceptan y protestan, quienes saben y quienes ignoran. La posibilidad de que el miedo –por otro lado tan humano– no justifique los actos de cobardía sino que nos guíe para reaccionar con nobleza a pesar de nosotros mismos.
Desde 1972 se conocen los riesgos de seguridad que presentan este tipo de centrales nucleares (las General Electric Mark I). En la actualidad aún existen treinta y tres reactores de este modelo en el mundo, uno de los cuales es el de Garoña.

200 ancianos japoneses buscan ser voluntarios para limpiar la radioactividad en Fukushima.


Yasuteru Yamada, un ingeniero retirado, está organizando un equipo de jubilados para ir a la planta nuclear de Fukushima para ayudar a estabilizarla y limpiar la radioactividad.
El Cuerpo de Veteranos Calificados (SVCF, Skilled Veterans Corps of Fukushima) , como se llama el grupo, se conforma con ingenieros retirados, expertos en diseño de fábricas e incluso un cantante y dos cocineros, “que serán útiles para mantener al equipo entretenido y alimentado”, según Yamada.
La planta nuclear todavía se encuentra expulsando radiación; la compañía constructora, Tepco, afirma que podría haber hasta 3 reactores dañados. El plan de los veteranos es lograr apagar la planta y ayudar en los trabajos de limpieza.
“El objetivo de nuestra organización es reducir la exposición a la radiación de la gente joven que está trabajando en la limpieza y reemplazarlos con técnicos retirados y ancianos capacitados”.
Yamada explica que “la decisión de ser voluntario en la estación no es algo valiente, es más bien lógico. Tengo 72 años y quizás viva otros 13 o 15 años. Incluso si me expusiera a la radiación, el cáncer tardaría en desarrollarse otros 20 o 30 años. Por lo tanto, nosotros los más viejos tenemos menos posibilidades de enfermarnos de cáncer”.
En un boletín que lanzaron en Febrero de este año, aclaran que “nada ha sido decidido sobre los métodos que podrán ser usados, las condiciones en las que trabajaremos y el tipo de trabajo que haremos”.
Actualmente, la organización del señor Yamada está negociando con el gobierno y Tepco. Aunque la empresa les ha advertido que “los miembros de SVCF no podrán participar en los esfuerzos de limpieza porque la mayor parte del trabajo lo están realizando trabajadores que trabajan para los fabricantes de la maquinaria y están debidamente entrenados”. Sin embargo, hay otro tipo de labores que podrían realizar como “quitar los escombros y patrullar los tanques de agua contaminados”.
Michio Ito, uno de los voluntarios, era profesor de Educación Básica pero está ansioso de poder ayudar con la limpieza; “No creo ser particularmente especial, la mayor parte de los japoneses quieren ayudar y tienen este sentimiento en sus corazones. La decisión es si das un paso adelante o te quedas atrás a mirar.”

http://boliviatrespuntocero.com/200-ancianos-japoneses-buscan-ser-voluntarios-para-limpiar-la-radioactividad-en-fukushima/

Argentina: Allen, una ciudad sitiada por el fracking y la mentira

Declaración de APCA
La Asamblea Permanente del Comahue por el Agua se manifiesta en estado de alerta por los hechos acontecidos en la noche del miércoles 19 de marzo, que tomaran estado público rápidamente en el ámbito nacional:

Alrededor de la 21 hs del día  miércoles, una explosión sacudió la tranquilidad de las familias de la zona de chacras  y de los barrios ribereños de Allen.  La  casa en la que residen los Ibañez, la más cercana a uno de los pozos de  extracción de Tight Gas hasta el momento a cargo de  la petrolera APACHE, vibró por la explosión.
Los vecinos dejaron la vivienda,  temiendo que lo ocurrido fuera  el estallido de las cañerías que atraviesan  la chacra, convirtiéndose   en testigos de una llamarada proveniente de un “venteo a ras del suelo”,  que superaba la altura de los árboles. El olor y la emanación de gases  les produjo, junto con el dolor de cabeza, irritación de ojos y picazón en la garganta, síntomas que a son  comunes  para los vecinos de Allen,  desde que se iniciaron  las perforaciones por  hidrofractura.
Fue una maniobra que hicieron en la perforación del pozo lo que, en definitiva generó una explosión muy grande e hizo temblar la casa cercana, a esto se le sumó un “venteo que continuó  dispersando gases”.
Esta exposición cotidiana viene generando una incertidumbre sobre sus consecuencias para la  salud y es gracias al trabajo de los vecinos que se conoce esta situación, ya que el acceso y difusión de la información es escaso y limitado.
No es la primera vez que la familia Ibañez sufre alguna consecuencia por la cercanía a estos pozos. Reiteradamente  el hijo de don Ibañez hace saber a los funcionarios presentes, que el año pasado,” hubo una explosión que llenó la chacra de gas”.
La inmediata presencia en el lugar por parte de los vecinos que conformamos la asamblea permitió preparar un improvisado plan de emergencia.
Dado que el llamado a los bomberos no tuvo respuestas y ante la desesperación se llamó a medios periodísticos locales  que de inmediato dieron aviso a Defensa Civil del municipio.
Su referente,  Jorge Rifo se hizo presente en la boca de pozo, donde es informado por un operario que en el lugar no se encontraba ningún  ingeniero a cargo  y que las informaciones pertinentes serian dadas en la mañana temprano. Posteriormente este funcionario explicó a los vecinos afectados que el venteo debería haber sido informado con anticipación para que en  caso de necesidad Defensa Civil del municipio pudiera intervenir.
A efectos de salir del paso, aclaró que “todos los gases que ventea el pozo son tóxicos” y agregó que existe un plan de evacuación, pero este es hasta  hoy desconocido por la población allense, e incluso, el testimonio de los vecinos del lugar refiere a que “es la primera vez que se acerca defensa civil, nunca se preocuparon por hacer una reunión, y menos de contarles sobre ese supuesto plan de evacuación”.
Simultáneamente, desde la Asamblea se estableció comunicación telefónica con Rodrigo Romera Bueno, quien se suponía era Secretario de Medioambiente de la provincia de Río Negro, pero él mismo se encargó de aclarar que  hace dos meses fue despedido del cargo por lo que ese área se encuentra acéfala.  El ex funcionario  dio aviso al  Secretario de Hidrocarburos, Daniel Gimenez, quien junto a un responsable de la empresa Apache, Raúl Vila, se hicieron presentes y  aseguraron que no había riesgos, que estaba todo bajo control, que más tarde se darían los detalles técnicos, que el venteo es normal y que está regulado según normas internacionales.
Ante la insistencia de los vecinos, el referente provincial explica que incluso podrían realizar las mediciones de gases con un medidor multigas pero ante la demanda de que dicha prueba se hiciera de inmediato el señor Daniel Gímenez explica que la provincia no tiene en este momento  el instrumental para hacer dicho control de gases.
Los vecinos debimos también hacer un llamado a la guardia del hospital debido a que uno de los dueños de casa se descompensó. La médica asistente  indica al señor Ibáñez la conveniencia de acudir al hospital para un mejor control, adelantando que  si fuera necesario quedar bajo observación, tendría que ser derivado a una clínica privada debido a que varios de los servicios del hospital se encuentran  clausurados por falta de agua.
Por lo expuesto  ante la demostrada inoperancia de los funcionarios locales y provinciales la Asamblea Permanente  del Comahue por el Agua denuncia:
- La irresponsabilidad del todo el arco político que permitió el avance de estas perforaciones para la explotación no convencional;  desde el gobernador Weretilneck, hasta la intendente Sabina Costa, pasando por los concejales, quienes no estuvieron a la altura de sus decisiones políticas y dejaron huérfano de representación a la comuna de Allen.
- La desfachatez de las autoridades que aseguraron en todo momento que estos emprendimientos se permitían bajo un estricto control estatal.
- Que aun si fuera verdad la posibilidad de control, la provincia no tiene el equipamiento ni los medios para hacerlo.
- El encubrimiento por parte del referente de Defensa Civil quien dice que “no vio las llamas”, hecho extraño, ya que la policía de Costa Oeste expreso ver el fogonazo y las llamas desde el destacamento, ubicado a unos 2 kms en línea recta.
- Que Allen es una ciudad abandonada a ser zona de sacrifico, para generar un supuesto progreso y desarrollo de la provincia, con un gobierno que pretende llevarla desde una matriz productiva basada en la producción de alimentos a una matriz hidrocarburifera con escaso futuro
- Que el desarrollo que tanto pregona el gobierno nacional, provincial y municipal es solo una máscara que permite el saqueo indiscriminado a costa de la salud de la población.
- Que tanto los actuales responsables de la empresa Apache,  la inminente responsable sociedad del estado YPF,  como los funcionarios públicos que permitieron y permiten estas explotaciones, ante cualquier malestar, padecimiento o muerte, bajo los síntomas que causan estas explotaciones, estudiados en otros lugares del mundo, serán declarados culpables por tales hechos.
-  Que la APCA ya había anticipado estos sucesos, que es lamentable que deban ocurrir estos episodios para que sean escuchados por un gobierno sordo y entregado a las corporaciones del saqueo y la contaminación.
Parece mentira…
En el día de ayer, durante el tratamiento en comisión del convenio entre YPF y Repsol, en el Congreso Nacional, un senador neuquino, connotado representante de los intereses petroleros, sostuvo con jactancia que la explotación hidrocarburífera era tan segura en Argentina, que hasta se hacía en área frutícola, en la zona de Allen-Fernández Oro…
Es necesario llegar a esta situación, donde los funcionarios seguramente buscarán respuestas políticamente correctas para salir de las mentiras que ellos mismos tejieron, poniendo en riesgo a los ciudadanos de esta provincia, sujetos de derechos que hoy, la corporación judicial obsecuente al poder ejecutivo, tampoco puede garantizar.
La implementación de una  misma política en todas las zonas que han sido declaradas de sacrificio, sobre los acuíferos que nos dan vida, sea en la meseta, en el valle o  en la ciudad se ejecuta desde los gobiernos entreguistas del territorio, que ya comenzaron criminalizando las luchas como las del pueblo mapuce.
APACHE, la misma petrolera que avanza en Allen, sobre el valle frutícola, ha logrado la complicidad del gobierno neuquino que hoy criminaliza la lucha de la comunidad Wincul Newen a través del brazo ejecutor del aparato judicial neuquino, armando una causa por homicidio sobre la compañera Relmu Ñanku, en un procedimiento totalmente oscuro.
Señores funcionarios, le comunicamos que  va a seguir en pie la lucha de la Asamblea, ya que es más digno sostener la ética de lucha que la mentira de unos representantes que solo se esmeran en dar una falsa tranquilidad y la perspectiva de que a futuro todo estará bien, cuando hoy a sufrimos las consecuencias de una  política de ecocidio.
¡FUERA APACHE, FUERA CHEVRON y TODAS LAS PETROLERAS ECOGENOCIDAS DE NUESTRO TERRITORIO!
¡No al fracking, no a la criminalización de la lucha!
¡Defendemos el AGUA, defendemos la VIDA  de esta y de futuras generaciones!
¡NO ES NO!
ASAMBLEA PERMANENTE DEL COMAHUE POR EL AGUA

Europa tendrá 100.000 muertos más cada año si no se frena el cambio climático

Un estudio del servicio científico de la UE proyecta las enormes pérdidas humanas y económicas que ocasionará el calentamiento

Nuño Domínguez
EsMateria

¿Qué sucedería en Europa si hoy fuese 26 de marzo de 2080 y no se hubiera hecho nada para evitar el cambio climático? 
Esa ha sido la pregunta que la Unión Europea le ha hecho al Centro Común de Investigación (JRC), un organismo de la Comisión Europea formado en su mayor parte por científicos que elaboran estudios para que los políticos tomen decisiones basadas en la ciencia. Por supuesto es imposible acertar con la respuesta a esa pregunta, pero se pude apuntar una proyección razonable hecha gracias a años acumulados de datos y potentes ordenadores. Los principales resultados del estudio, que se presentará en unos días, pintan una película apocalíptica.
En 2080 mueren 100.000 personas más al año por causas relacionadas con el cambio climático, el doble que en la actualidad. Muchos fallecen por las olas de calor, pero también por dolencias asociadas al aumento de las temperaturas, riadas, tormentas o enfermedades relacionadas con agua no purificada o intoxicaciones alimentarias. La producción agrícola ha caído un 10%, las sequías se han multiplicado por siete y afectan a 144 millones de personas cada año y hay dos veces más riadas que en la década actual. Lo peor de este escenario se vive en España y el resto de países del sur de Europa: Portugal, Italia, Grecia, Chipre, Bulgaria. Aquí los incendios forestales ya arrasan el doble de terreno cada año, la demanda de energía es creciente por las altas temperaturas y la industria del turismo ha perdido 7.500 millones de euros de ingresos. En total, los costes del cambio climático en la UE ascienden a 190.000 millones de euros y España y el resto del sur se llevan la peor parte: más de 74.000 millones de euros en daños relacionados con el calentamiento, más que cualquier otra región de la UE analizada en el estudio.
“Hay una clara concentración de los daños en el sur de Europa, donde el impacto del calentamiento será unas 20 veces mayor que en el resto de zonas”, explicaba ayer a Materia Juan Carlos Císcar, un economista del JRC que ha coordinado este estudio encargado por la UE. El trabajo corresponde a la segunda fase de un gran estudio sobre los impactos del calentamiento en Europa llamado Peseta. Los primeros resultados de esta fase, Peseta II, fueron presentados ayer en el Instituto de Prospectiva Tecnológica, uno de los siete centros del JRC. El estudio completo, de más de 200 páginas, será publicado por la Comisión Europea en los próximos días, según fuentes comunitarias.
El edificio es un oasis de ciencia en plena isla de la Cartuja, en Sevilla. Sus científicos están instalados en la antigua sede central de la Expo 92. Aquí se realizan estudios sobre qué es un transgénico, qué impacto tiene en cada país reducir la producción de leche, cuánto dinero se pierde en los atascos o herramientas para calcular el precio de los cereales. Cada estudio está diseñado para informar las nuevas leyes que preparan lo s políticos de la Unión sobre organismos modificados genéticamente o la recientemente aprobada política agraria común, por ejemplo.
Adaptación y clima
El estudio sobre el cambio climático es uno de los más complejos realizados por el IPTS. En él han participado 40 investigadores de varios centros durante 2 años. El estudio ha calculado qué sucedería en la Unión en dos escenarios diferentes. Uno, no hacer nada y dejar que el calentamiento global siga su curso sin medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto conllevaría una subida media de las temperaturas de 3,5 grados en 2100. El otro supone tomar decisiones “ambiciosas” para reducir las emisiones y que estas queden a cero en la década de 2050. En este escenario las temperaturas medias suben dos grados. Para dibujar el futuro de Europa en ambos escenarios primero se aplica un gran modelo informático que reproduce la evolución del clima en base a los dos escenarios, y después otros que hacen los mismo por sectores: agricultura, costas, inundaciones, turismo…
Una de las conclusiones principales es que los daños del peor escenario pueden reducirse con medidas dirigidas a la adaptación, explica Císcar. Por ejemplo, el coste total del calentamiento puede reducirse hasta los 130.000 millones de euros. El mayor impacto del cambio climático será en la salud, costes sanitarios y muertes por el calentamiento, y en este campo, estar en el escenario de los dos grados puede salvar 20.000 vidas, según explicó Císcar durante la presentación. “El trabajo pone de manifiesto en qué regiones y sectores hay que priorizar la adaptación”, detalló.
Lo peor viene cuando uno se pone en la piel de un político que tiene que usar estos datos para tomar decisiones. El propio trabajo predice que en más corto plazo el cambio climático traerá beneficios para algunos sectores analizados. Esto pasa, por ejemplo, con la agricultura en España y el resto del sur de la UE. En las décadas de 2020 y 2030, el calentamiento hará crecer la producción agrícola en estas regiones, admitió Císcar. Después, a medida que avance el tiempo y el cambio global, sos beneficios irán disminuyendo hasta ser totalmente contrarrestados por los impactos negativos.
Proyectar el impacto del cambio climático a más de 70 años es un ejercicio de riesgo. La acumulación de factores impredecibles es tan grande que los modelos pueden pintar escenarios alejados de la realidad. Sin embargo, Císcar dice que su trabajo “se equivoca por defecto”, es decir, da escenarios mejores de lo que pueden llegar a estar. Por ejemplo no se ha considerado el impacto de la migración, ni la posibilidad de cambios abruptos en el clima. Tampoco cómo el impacto del calentamiento en el resto del mundo pueden afectar a Europa. Todo esto lleva a una “subestimación de los daños climáticos”, según Císcar. Lo que sí se ha hecho es contabilizar cómo los impactos en unos países dela UE revierten en otros, y el resultado es que los daños pueden ser hasta un 25% mayores por impactos adicionales en el comercio.
También hay un margen de error al alta. En 70 años la tecnología puede cambiar sustancialmente la producción agraria, la medicina y los tratamientos para las dolencias más relacionadas con el cambio climático y la producción de energías limpias. Todos esos factores quedan fuera de los modelos del estudio, reconoce Císcar, lo que influye en que la foto final sea más incierta de lo que debería.

Fuente: http://esmateria.com/2014/03/26/europa-tendra-100-000-muertos-mas-cada-ano-si-se-pone-freno-al-cambio-climatico/

domingo, 30 de marzo de 2014

Lo pequeño no es tan hermoso: los costes ambientales del consumismo de aparatos electrónicos


José Bellver Soroa
FUHEM Ecosocial

En un contexto en el que la economía mundial aún no ha terminado de recuperarse −especialmente en Europa− de la Gran Recesión iniciada en 2008, la producción y el consumo de aparatos electrónicos no cesa de incrementarse en el mundo. Toda una serie de artefactos inundan crecientemente hoy nuestros hogares y lugares de trabajo, que aparentemente están destinados a hacernos la vida más fácil: ordenadores portátiles, Smartphones, Tablets, PDAs, Notebooks, Ultrabooks y toda una serie de “innovaciones” electrónicas no siempre tan diferentes de su versión anterior, de nomenclatura en ocasiones impronunciable, y con dimensiones y pesos cada vez más reducidos. Paradójicamente, a pesar de la miniaturización y la mayor ligereza de los bienes de consumo electrónicos, su impacto ambiental sigue siendo enorme. Especialmente si tenemos en cuenta todas las fases del ciclo de vida de los mismos, desde la cuna hasta la tumba de estos productos que, paradójicamente, son presentados en ocasiones incluso como solución a los problemas de insostenibilidad ecológica.
La informática y la electrónica siguen exigiendo una extracción masiva de sustancias minerales, además de los costes energéticos que su fabricación y uso llevan aparejados, con las consecuentes emisiones de residuos −muchos de ellos tóxicos− en las distintas fases de la cadena productiva, basura electrónica incluida. La fabricación y el uso del equipamiento tecnológico que acompaña esta extensión del sector servicios es, por tanto, una muestra más de la ausencia de cualquier atisbo de desmaterialización económica y, por tanto, de que el capitalismo actual sigue expandiendo la producción de bienes y servicios a costa de los recursos naturales procedentes de la corteza terrestre y del deterioro de los ecosistemas globales. Igualmente, de la misma forma en que existen jerarquías sociales en el sistema económico capitalista, estos usos de recursos y sumideros globales están también distribuidos de forma desigual entre unas y otras poblaciones del mundo.
Las TIC y el mito de lo inmaterial
El desarrollo y la implementación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a partir de los años setenta, y su cada vez mayor presencia en las sociedades industrializadas a partir de los años noventa, ha sido y sigue siendo uno de los elementos sobre los que descansa el espejismo de la posible expansión ilimitada del sistema económico en un entorno finito como es la biosfera. En términos más generales, el desarrollo tecnológico es para muchos economistas la principal, si no la única, forma de sortear las restricciones que la naturaleza pudiera imponer al crecimiento económico y de así poder acallar los malos augurios de quienes, aún con sólidas bases científicas, llevan alertando sobre las mismas desde hace ya más de cuatro décadas, notablemente a partir de la publicación del informe al Club de Roma sobre Los límites al crecimiento. Lamentablemente, a pesar de los múltiples avances tecnológicos desde la fecha, la prevalencia de una crisis ecológica con distintas dimensiones y escalas hace que este debate siga hoy más vigente que nunca.
Las TIC −que podemos definir como el conjunto de productos y servicios necesarios para digitalizar , almacenar , procesar, distribuir y comunicar información− constituyen sin duda alguna uno de esos avances tecnológicos que están marcando un antes y un después en múltiples ámbitos de las sociedades mundiales, aunque con un elevado grado de disparidad entre las mismas.  Podría decirse que su auge inicial a finales del siglo pasado dio lugar a cierta euforia colectiva entre científicos sociales entre los cuales se hablaba, quizás con cierta precipitación, de «tercera revolución industrial», de «sociedad de la información» o «sociedades post-industriales» y en el ámbito económico, de una «economía del conocimiento», en ocasiones utilizada como sinónimo de «nueva economía», un término hoy quizás más en desuso tras el fiasco sufrido tras el desplome bursátil de las puntocom al finalizar el pasado siglo XX. [5] La centralidad del conocimiento y de la información en esta “nueva era” ha llevado igualmente a calificar esta extensión tecnológicamente avanzada del sector servicios de «economía de lo inmaterial», cuestión que en el terreno de la discusión en torno a los problemas subyacentes a las relaciones entre economía y naturaleza, entronca directamente con una de las polémicas más recurrentes de los últimos años en el ámbito de las relaciones entre crecimiento y medio ambiente: la de la desmaterialización de la economía, o el desacople entre crecimiento económico y el uso de recursos naturales.
La pesada mochila ecológica de los ligeros aparatos electrónicos
A pesar del pinchazo de la burbuja a la que el auge de las TIC dio lugar bajo el rótulo de “nueva economía”, la economía de lo digital y lo cibernético parece estar viviendo hoy un nuevo auge, así como la producción y el consumo de los múltiples dispositivos electrónicos que para ello se utilizan. Mientras la dimensión socioeconómica ligada a este fenómeno es ampliamente tratada y discutida, el debate social en torno a sus consecuencias ambientales parece más reducido y su visualización no deja de estar limitada, como todos los ámbitos del binomio economía-naturaleza, por el velo monetario que la recubre. Sin embargo, las cifras ofrecidas por la observación detallada de los flujos de recursos y residuos a lo largo del ciclo de vida de los equipamientos electrónicos asociados a las TIC avalan la existencia de un impacto ambiental creciente y nos llevarán a distanciarnos de anhelos como aquel que en los inicios de la revolución informática apuntaba E. Parker al afirmar que «en la era de la información, el crecimiento económico ilimitado será teóricamente posible, al conseguirse un crecimiento cero del consumo de energía y materiales».
El físico Eric Williams, uno de los académicos que más contribuye hoy a desvelar esta cara oculta de las TIC, mostraba, en un estudio elaborado junto con Ruediger Kuehr para las Naciones Unidas, cómo la fabricación de productos electrónicos es altamente intensiva en el uso de recursos naturales, superando con creces a otros bienes de consumo. Según sus cálculos, la fabricación de un ordenador de sobremesa requiere al menos 240 kg de combustibles fósiles, 22 kg de productos químicos y 1,5 toneladas de agua. El peso en combustibles fósiles utilizados supera las diez veces el peso del propio ordenador, mientras que por ejemplo, para un coche o una nevera, la relación entre ambos pesos −de los combustibles fósiles usados en su fabricación y del producto en sí− es prácticamente de uno a uno.
Otro ejemplo ligado al anterior, e igualmente significativo a la hora de evaluar las implicaciones ambientales de la revolución de las TIC, en tanto que piedra angular de la misma, es el de la microelectrónica, o más concretamente el microchip, que hoy ya podemos encontrar en todo tipo de aparatos electrónicos (ordenadores, teléfonos móviles, etc.). Este es a menudo asumido como un buen ejemplo de desmaterialización ya que su valor y utilidad son elevados, mientras que su peso es insignificante. Sin embargo, en una célebre publicación de Williams, junto con Robert Ayres y Miriam Heller, sus autores mostraron cómo un microchip de 2 gr requiere, para su fabricación, 72 gr de productos químicos, 20 litros de agua, y el equivalente a 1,2 kg de combustibles fósiles en consumo energético, además de generar 17 kg de aguas residuales y 7,8 kg de desechos sólidos, junto a toda una serie de emisiones tóxicas a la atmósfera. El análisis del ciclo de vida de un microchip sintetiza en definitiva un proceso a todas luces paradójico y a la vez revelador: mientras progreso tecnológico avanza hacia una miniaturización de los dispositivos electrónicos, el impacto ambiental de los mismos se acrecienta.
Efectos rebote ligados a las TIC
Ahora bien, sin tener en cuenta lo anterior, intuitivamente podría pensarse que la aplicación de las TIC en la actividad económica tiene un efecto directo en la reducción en el uso de recursos naturales mediante la generalización de servicios más eco-eficientes, la optimización de los procesos de producción o la reducción de la movilidad a través de lo virtual (ej.: videoconferencias). Sin embargo, es necesario no solo tener en cuenta los efectos directos, sino también los efectos indirectos que pudieran llevar a aumentos en el uso de materiales. Esto es lo que se conoce como efecto rebote:cuando las ganancias en eficiencia se saldan con un aumento del consumo de recursos (o la generación de residuos).
Son múltiples las dimensiones socioeconómicas que pueden dar lugar a efectos rebote como consecuencia del desarrollo de las TIC: bien sea porque puedan generarse reducciones en los precios −como consecuencia de una mayor eficiencia− y por el mayor consumo de otros bienes o servicios que se pueda derivar del ahorro subyacente, o por los efectos indirectos debidos a la existencia de sustitutos imperfectos −por ejemplo, transporte y telecomunicaciones− o, simplemente, por el propio crecimiento económico, estimulado por la implementación de las TIC −vía mayor productividad−, mediante el cual podrían acabar deshaciéndose, a escala macro, los ahorros logrados en el uso de materiales a escala micro.
Un primer efecto rebote suele venir de la mano del aumento de infraestructuras que la propia puesta en marcha de las TIC requiere: nuevas actividades de construcción, cableado, equipamientos de todo tipo (servidores, amplificadores, routers, etc.) y aumentos en la potencia energética para satisfacer las nuevas demandas crecientes ante la mayor potencia y difusión de los nuevos equipamientos.  Realizar esta contabilidad es, a buen seguro, una tarea compleja, pero no puede dejarse de lado, especialmente cuando observamos el elevado grado de renovación que estas infraestructuras requieren como consecuencia de los constantes avances tecnológicos.
Un ámbito esencial donde el afloramiento de las nuevas tecnologías ha comprometido las promesas de mayor sostenibilidad ecológica de la nueva economía-sociedad de la información ha sido el de los cambios en las pautas de consumo. Uno de los primeros mitos desvelados en este sentido ha sido el de la “oficina sin papeles” que la expansión de las TIC parecía prometer, pues, a pesar de los procesos de digitalización, ha venido acompañada de incrementos en las ventas de impresoras más baratas y rápidas, de tal manera que solo en EEUU el consumo de papel llegó a multiplicarse por cinco entre 1960 y 1997. En cuanto a los medios de información digitales, a pesar del notable aumento en su número de lectores en detrimento de la prensa escrita, tampoco están muy claras aquí las ventajas ambientales de leer las noticias por internet frente a un periódico en papel. Según documenta Andrius Plepys, el impacto ambiental sería mayor en el medio digital una vez pasados 20 minutos y más amplificado aún si el lector o la lectora decidiese imprimir una o varias de esas noticias.
Además de los ordenadores, los lectores electrónicos (e-readers) donde cabe incluir tanto libros electrónicos (e-books) como las tabletas (tablets) son hoy los dispositivos que en una progresión exponencial parecen estar sustituyendo la lectura en papel por la digitalizada. En el paso del papel a lo digital aparentemente el impacto medioambiental se reduce sustancialmente, sobre todo teniendo en cuenta la huella de carbono derivada de la tala de árboles, cifrada en 30 millones de árboles en el caso de EEUU solo para el año 2006. Sin embargo, en un análisis reciente sobre la cuestión se concluía que harían falta 100 libros impresos para llegar a la huella de carbono de un popular modelo de tabletas (iPad). Y en términos de combustibles fósiles −tanto para la energía como los plásticos empleados en su fabricación−, uso de agua y consumo de materiales (metales y otros recursos minerales usados para los distintos componentes electrónicos y la batería) el impacto de un e-reader −mayoritariamente situado en su fabricación− equivale aproximadamente al de 40 ó 50 libros. Por tanto, el impacto ambiental de esta sustitución digital dependerá mucho del comportamiento de los consumidores de uno y otro formato: será menor el de quien lea muchos libros en el formato digital frente a quien lo haga menos, de la misma forma en que un libro en papel tendrá un menor impacto por libro a mayor número de manos lectoras por las que pase. Cierto es que el formato electrónico requiere, por otra parte, energía para su uso, aunque en una proporción menor −en torno a una tercera parte− respecto a su fabricación, variando aquí sustancialmente de más a menos entre las tabletas y los dispositivos que utilizan tinta electrónica. La complejidad del asunto nos lleva en cualquier caso a descartar cualquier apriorismo.
Otro terreno donde conviene hacer bien las cuentas es el del comercio electrónico, la gran esperanza despertada por la nueva economía. Como señala Óscar Carpintero,
«A pesar de que las ventajas en este caso afectan tanto a la esfera de la producción como a la del consumo, cabe recordar que este tipo de comercio, si bien simplifica los desplazamientos relacionados con la obtención de información y la compra efectiva, no evita el transporte de los productos a domicilio y el coste o impacto ambiental asociado» .
De hecho, el comercio electrónico tiende a favorecer un transporte en ocasiones peor aprovechado y, en términos generales, más rápido (ej.: avión y camiones frente a tren o barco), llegando a cuadruplicarse o quintuplicarse los costes energéticos.  Aquí, el ahorro o no dependerá del nivel de carga de los vehículos y la distancia recorrida. En Suecia, por ejemplo, se ha estimado que las compras de los hogares vía comercio electrónico dan lugar a ahorros en términos ambientales cuando estas llegan a reemplazar al menos 3,5 viajes para compras tradicionales si se realizan más de 25 envíos de pedidos al tiempo, o si la distancia a recorrer para la entrega es menor de 50 km.
En sintonía con lo anterior, cabe situar al teletrabajo con las muchas posibilidades que para ello ofrecen las nuevas tecnologías. A primera vista se plantean ventajas evidentes (reduce los desplazamientos, el consumo de energía, la contaminación, etc.), pero aquí también conviene equilibrar la valoración teniendo en cuenta los efectos colaterales no deseados que pueden variar mucho según los lugares. En EEUU, por ejemplo, la adopción del teletrabajo como política ambiental podría generar un ahorro energético potencial de entre el 1% y el 3%, mientras que en Suiza se detectó en 1997 un aumento del 30% en el consumo de energía de aquellos hogares en los cuales uno de los miembros trabajaba en casa, dado que una parte importante de la energía ahorrada en el transporte y la oficina se consume en el propio hogar al desarrollarse ahí la actividad.
Finalmente, el efecto rebote por antonomasia es aquel que surge del incremento del volumen total de consumo. Es decir, que incluso en el caso de que encontrar una nueva tecnología o aparato tecnológico que claramente supusiera un menor impacto ambiental frente a su versión anterior o analógica, esta mejora podría verse más que compensada por un uso mayor o, sobre todo, por el aumento de las ventas de nuevos bienes de consumo electrónicos, habida cuenta de los importantes requerimientos de energía y materiales para su fabricación. Esto es claramente lo que sucede hoy en día con la proliferación de nuevos aparatos electrónicos (smartphones, tablets, televisiones con pantalla plana, etc.), que con frecuencia no suponen realmente cambios sustanciales en cuanto a su utilidad o función principal.
El acortado ciclo de vida de muchas de estos aparatos electrónicos es el fruto de un consumismo −que no es otra cosa sino la otra cara del productivismo− que tiene su origen, en parte, en lo que se conoce como obsolescencia percibida, es decir, no real, en donde la reducción de precios y las estrategias de marketing de las empresas distribuidoras están jugando un importante papel. Otro tipo de obsolescencia realmente existente es la planificada por los fabricantes de aparatos electrónicos que en muchos casos introducen componentes destinados a estropearse mucho antes que el periodo total de vida útil del aparato en su conjunto, dificultando por otra parte su reemplazo. El caso de los teléfonos móviles es paradigmático para ambas cuestiones, con el resultado de que mientras estos podrían tener vidas útiles de aproximadamente 10 años, la frecuencia media de sustitución de los mismos se sitúa entre los 12 y 24 meses. Hilty y colegas destacan otra paradoja similar al apuntar que a pesar de que la eficiencia y el rendimiento de los ordenadores no ha dejado de incrementarse desde el inicio de su existencia, el incremento del número de ordenadores instalados ha aumentado en mayor medida, dando así lugar a un efecto rebote mediante el cual el uso conjunto de energía y materiales para informática no ha dejado de incrementarse. En los últimos años, la progresión sigue siendo la misma, solo que una parte de las compras de ordenadores va siendo poco a poco sustituida por las tabletas y los portátiles “ultraligeros”, cuyas ventas se incrementaron, respectivamente, un 66% y un 140% (Tabla 1).
Esta dinámica del usar y tirar da lugar al último coletazo de deterioro ecológico asociado a los aparatos electrónicos en su ciclo de vida. Naciones Unidas estima que anualmente se genera un flujo creciente de entre 20 y 50 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, de los cuales una parte importante es exportada, de forma frecuentemente ilícita, desde Estados Unidos, la Unión Europea o Japón, principalmente hacia los continentes asiático y africano, donde se realiza un reciclaje mucho más rudimentario o simplemente se vierte y/o quema en algún lugar, con serias consecuencias medioambientales y para la salud de las poblaciones locales, generalmente las más pobres. Esto es lo que se denomina irónicamente la política NIMBY (siglas de la versión anglosajona de “No en mi patio trasero”).
Comentarios finales
La evaluación económico-ecológica de la actual proliferación de aparatos electrónicos que ha venido acompañando a la implementación y al desarrollo de las TIC en las últimas dos décadas es, sin duda, compleja, dado que existen múltiples factores a tener en cuenta y que pueden actuar de forma contradictoria. En este sentido, por ejemplo, en lo que respecta a internet, la red puede ser una herramienta de formación y empoderamiento del consumidor destinada a promover estilos de vida más ecológicamente responsables, pero al mismo tiempo puede ser una poderosa herramienta de fomento del consumismo en tanto que canal de marketing.
Sin la posibilidad, ni tampoco la pretensión, de realizar aquí un estudio exhaustivo sobre la cuestión, sí hemos podido observar, no obstante, que todo apunta a que cuando se hacen bien las cuentas, la terciarización de los países ricos y el uso creciente de bienes de consumo electrónicos entre sus poblaciones  ya no parecen −al menos no con la seguridad de quienes en ocasiones realizan afirmaciones que casi parecen dogmas de fe− necesariamente generadores de una menor intensidad en el uso de recursos naturales, y menos de un menor uso de los mismos en términos absolutos, o de un menor impacto ambiental en términos más generales.
Buena parte de la ilusión ambiental que rodea este proceso de “tecnologización” de nuestras vidas surge en gran medida del hecho de que los bienes de consumo electrónicos son, con frecuencia, menos intensivos energéticamente en su utilización que en su fabricación, contrariamente a lo que sucede con otros bienes de consumo. Así pues, simplemente, el deterioro ecológico (y social), queda aquí trasladado a momentos distintos del ciclo de vida de los productos, así como a fases de la cadena de producción que con frecuencia han sido igualmente trasladados, solo que geográficamente (ej.: deslocalización) a otros lugares. En estas mismas regiones periféricas de la economía mundial se extraen también crecientemente las “exóticas” sustancias minerales requeridas para las tecnologías más novedosas. Casualmente −o no tanto−, estos suelen ser los lugares donde los salarios, los derechos laborales, y los niveles de protección ambiental son menores. El menor poder político de quienes directamente sufren los impactos ambientales de este consumismo contribuye sin duda a perpetuar esta realidad, pero no evita que se acumulen los sucesivos conflictos socioecológicos a escala mundial. Hacerlos visibles y ligarlos a sus causas originarias será un primer paso para solventarlos de forma justa.
Finalmente, este texto no debe de entenderse como un manifiesto anti-tecnológico, sino más bien como una llamada informada a la autolimitación tanto individual como colectiva, teniendo siempre presente que, en última instancia, son las propias dinámicas del sistema económico las que deben de trascenderse de cara a verdaderos cambios de tendencia.

Imagenes: treehugger.com

sábado, 29 de marzo de 2014

El frágil balance climático se altera: Nuevo informe de la ONU

Un nuevo estudio de la ONU filtrado a la prensa y cuyos enfoques principales coinciden con un reciente informe de la NASA sostiene que si el cambio climático continúa la civilización se enfrentará a consecuencias difíciles de superar.
De acuerdo con un informe de la Organización Meteorológica Mundial, organismo dependiente de Naciones Unidas, y elaborado en Japón por más de 60 reputados expertos en el calentamiento global, el cambio climático le depara a la humanidad riesgos mucho más inmediatos y peligrosos de lo que se creía.
Así lo advierten los autores de este informe cuya versión definitiva aún no ha sido publicada, en un período de entre cuatro y ocho décadas el cambio del clima –cuyos impactos, como las sequías del norte de México o los fuertes huracanes del años pasado, ya se han hecho realidad– podría provocar problemas globales como hambrunas, enfermedades, sequías, inundaciones y guerras por el acceso a los recursos.
"Está claro que no estamos preparados para los eventos que estamos viendo", dice Chris Field, el autor principal del informe del Instituto Carnegie de Ciencias en California, citado por la agencia AP.
Riesgos globales para la civilización
Desigualdad social: Con un enfoque relativamente nuevo los científicos revelan que hay relación entre el aumento de la temperatura y la generalización de la pobreza. Así, sostienen, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza se ralentizarán y los ingresos totales del mundo podrían disminuir.
Aumento de la violencia: La falta de recursos naturales como el agua potable será un factor desestabilizador en las próximas décadas y, aunque no llevará a guerras abiertas, agudizará los conflictos ya existentes.
Incremento de las enfermedades: Las seguías, la falta de alimentos, la pobreza y otros problemas potenciales debidos al aumento de la temperatura y el cambio climático podrían acelerar el desarrollo y la propagación de enfermedades crónicas e infecciones, lo que, junto con otros factores, daría un matiz apocalíptico a la civilización moderna.
Hambre: Para el año 2050 los precios mundiales aumentarían entre un 3% y 84% debido a los cambios de temperatura y los patrones de lluvia, algo que sumado al posible empobrecimiento de significativa parte de la población provocaría hambrunas en diversas regiones del mundo. Cabe señalar que, solo durante la próxima década, la producción mundial de cereales se reduciría en un 2%, mientras que la demanda crecerá.
Menos agua potable disponible: Por cada grado centígrado suplementario, el mundo tendrá menos agua disponible. Además, la actual contaminación del agua podría reducir, para el 2080, aún más el acceso al agua potable para la población. Se estima que un 7% de la población mundial no tendrá acceso a este recurso vital.
No obstante, consuelan los investigadores, aún hay tiempo para tomar medidas y evitar la catástrofe, aunque, –advierten– si el frágil balance climático se altera, estos problemas latentes podrían acentuarse drásticamente.
Cabe señalar que estas conclusiones coinciden con los resultados del informe sobre el colapso irreversible de la civilización industrial elaborado por el Goddard Space Flight Center de la NASA. De acuerdo con sus autores, el cambio climático está estrechamente relacionado con el desarrollo insostenible, por lo que la civilización industrial global podría derrumbarse en los próximos decenios debido a la explotación irresponsable de los recursos y la distribución cada vez más desigual de la riqueza.
RT http://actualidad.rt.com

Un paraíso hondureño que no quiere volver a enojar al mar


Por Thelma Mejía

SANTA ROSA DE AGUÁN, Honduras, 25 mar 2014 (IPS) - En la desembocadura del río Aguán, en el Caribe hondureño, una comunidad garífuna, asentada en un paraíso natural y azotada hace más de 15 años por el huracán Mitch, da ahora ejemplo de adaptación al cambio climático.
“No queremos volver a enojar al mar, no queremos que nos vuelva a pasar lo que sucedió con Mitch, que se llevó muchas casas del pueblo, casi todas las que estaban a la orilla del mar”, dijo a IPS la lideresa comunitaria Claudina Gamboa, de 35 años.
Con parajes indescriptibles, casi como cuando llegaron a Honduras los primeros garífunas desde de la caribeña isla de San Vicente, el municipio de Santa Rosa de Aguán, en el departamento de Colón, fue fundado en 1886 y su población actual apenas supera los 3.000 habitantes.
Para llegar a este punto del Caribe central del país desde Tegucigalpa, IPS atravesó por unas 12 horas, total o parcialmente, al menos cinco de los 18 departamentos de Honduras,  hasta llegar a Dos Bocas, a 567 kilómetros al noreste de la capital.
Desde esa aldea en tierra firme, una pequeña embarcación conecta con Santa Rosa de Aguán, asentada sobre la arena, entre el mar y la desembocadura del Aguán, cuyo nombre en garífuna significa “aguas caudalosas”.
La mitad del camino en automóvil transcurre por pésimas carreteras, que se tornan amenazantes cuando oscurece. Pero al atravesar el río, entrada la noche, bajo un cielo estrellado y una brisa marina acariciando el pueblo, la travesía llega a su fin y deja de pesar.
Los garífunas llegados del mar
Los garífunas representan actualmente 10 por ciento de los 8,5 millones de habitantes de Honduras, a donde llegaron más de dos siglos atrás.
Herederos del mestizaje de los pueblos caribes, arawakas y africanos capturados y traídos a la región por barcos esclavistas europeos en el siglo XVII, que naufragaron frente a la isla de Yarumei, actualmente San Vicente, donde se asentaron.
De allí, entonces bajo dominio británico, fueron deportados en 1797 a la isla hondureña de Roatán. Después, los colonizadores españoles les permitieron asentarse en tierra firme y se diseminaron por la costa atlántica de Honduras y de otros países centroamericanos.
Aquí culminó en 2013 un proyecto de recuperación de dunas, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, a través del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), así como por la Cooperación Suiza para el Desarrollo.
Durante tres años, el proyecto buscó generar condiciones que permitieran a la comunidad adaptarse a los riesgos del cambio climático y proteger el ecosistema dunar.
Al frente estuvieron 40 personas voluntarias de la comunidad, casi todas mujeres, quienes visitaban a cada vecino, para concientizarlos sobre la importancia de proteger el ambiente y sobre los riesgos del cambio climático.
“Las decían locas, porque la gente creía que quienes trabajaban en eso eran tontos, pero yo les pedía: ‘No hagan caso, sigan adelante’. Ahora tenemos más conciencia y se vio que los vientos ya no pegan tan fuerte”, dijo a IPS Atanasia Ruíz, ex vicealcadesa del pueblo (2008-2014) y sobreviviente del Mitch.
Ella y Gamboa consideraron que las mujeres fueron fundamentales en crear conciencia sobre el cambio climático y, gracias a su labor, el proyecto dejó huellas sobre las arenas blancas y sobre la gente del lugar.
Ahora sus habitantes entienden la importancia de proteger sus sistemas costeros y de conservar las dunas, y aprendieron a organizarse colectivamente para ello, detalló Gamboa. “Conmueve ver a nuestras ancianas recogiendo basura para el reciclaje”, ejemplificó.
Las lomas de arena actúan como barreras naturales de protección, que impiden que el viento o el agua de las olas del mar penetren con fuerza al pueblo cuando suceden eventos naturales.
“Cuando se enojó el mar nos pasó factura. Con el Mitch esto quedó pelado, quedó horrible”, recordó Gamboa.
Algunos se fueron del pueblo, explicó, “porque se nos dijo que no podríamos vivir aquí, que era demasiado vulnerable y que el mar siempre iba a entrar porque ya no tenía cómo taparse”.
“Pero otros nos quedamos y, con los conocimientos que nos dieron, sabemos cómo protegernos a nosotros y al pueblo”, acotó mientras mostraba orgullosa como la vegetación comienza a crecer en las dunas.
El mural de elementos reciclados, con que los pobladores de Santa Rosa de Aguán plasmaron su forma de vida y la belleza de la mujer garífuna, en una pared del centro comunal. Crédito: Thelma Mejía/IPS
El mural de elementos reciclados, con que los pobladores de Santa Rosa de Aguán plasmaron su forma de vida y la belleza de la mujer garífuna, en una pared del centro comunal. Crédito: Thelma Mejía/IPS
Los últimos días de octubre de 1998, el ciclón dejó a su paso por Honduras cerca de 11.000 fallecidos y unos 8.000 mil desaparecidos, junto con cuantiosos daños económicos y de infraestructura.
Santa Rosa de Aguán fue especialmente golpeada, con olas de unos cinco metros de altura. Al menos 40 personas fallecieron en la comunidad y otras nunca las encontraron.
La rehabilitación de sus dunas costeras incluyó la construcción de caminos de madera sobre la arena para protegerlas. También se demolieron viviendas de concreto destruidas por Mitch, para que su presión no impidiese la formación dunar.
El proyecto sumó el reciclaje, para limpiar la basura vertida en la orilla del mar y la que se encontraba en las calles de arena del municipio, cuyos habitantes se autodenominan  “aguaneños” y saludan a los visitantes con un “buiti achuluruni”, bienvenido en garífuna.
Lícida Nicolasa Gómez, es una joven garífuna de 18 años que prefiere que la llamen “Alondra”, porque así la conocen todos desde niña.
“Me encantó cuando me invitaron al proyecto de las dunas y el reciclaje, porque estábamos deforestándolas, pateándolas, destruyendo la vegetación, pero eso ya no lo hacemos más”, contó.
“Hasta un mural hicimos en una de las paredes del centro comunal, para recordar el pueblo que queremos”, añadió con una sonrisa que no cabía en su rostro.
La obra está elaborada con desperdicios de plástico, chapas o tapones de refrescos, tejas y otros materiales. En él se aprecia la belleza de las garífunas, la pesca, los cultivos de yuca y plátano y el mar y el sol radiante que caracterizan al pueblo
También está allí el deseo de vivir en armonía con un ambiente donde las elevaciones de hasta cinco metros de depósitos de sedimentos del mar se juntan con la desembocadura de un río cuya cuenca forma parte de la selva húmeda tropical hondureña.
Hugo Galeano, del PPD, dijo a IPS que la vulnerabilidad en Santa Rosa de Aguán se agudizó tras el paso del Mitch, afectando sus medios de vida: la pesca, la agricultura y la ganadería.
Para esta comunidad entre dos aguas, las inundaciones son una de las principales amenazas para la sobrevivencia de la comunidad, explicó el representante del programa del GEF.
ARicardo Norales, de 80 años, es consciente de ello. Aseguró a IPS que, si bien las dunas y su vegetación crecen, “la ubicación de nuestra comunidad sigue expuesta a las inclemencias del tiempo”.
“Con el proyecto vimos que ahora el viento no entra tan fuerte a nuestras casas, ni el mar tampoco como antes. Pero necesitamos mayor sostenibilidad en este tipo de ayudas”, advirtió.
De hecho, la historia de Santa Rosa de Aguán está marcada por el impacto de los fenómenos naturales, y entre 1870 y 2010 varios huracanes y tormentas tropicales la impactaron directa o indirectamente.
Mientras los cordones de dunas cobran nuevamente forma a lo largo de la playa y los alrededores, la comunidad ha colocado también barandales de madera para señalizar el camino al mar.
Así buscan evitar la destrucción de los montículos de arena y quieren ser un ejemplo de adaptación al cambio climático, construyendo alternativas de sobrevivencia.
Sus pobladores repiten que no quieren para su comunidad un “ayó”, un adiós en garífuna.

Imagen: Uno de los barandales construidos por la comunidad de Santa Rosa de Aguán, los caminos de madera que comunican las viviendas con la playa, para preservar las dunas de la actividad humana. Crédito: Thelma Mejía/IPS