Por una mirada ecocéntrica y espiritual ... Entre tanto antropocentrismo, reivindicación social y frustración política.


Por Lucas Chiappe

Espero poder decir lo que pienso sin sonar agresivo o «políticamente incorrecto», pero confío en lograrlo... aún surcando momentos agitados como los actuales en donde, de la noche a la mañana (en tiempos reales esto vendría a ser desde el 2003 hasta hoy) el espectro de la lucha ambiental se modificó drásticamente en nuestro país, corriéndose desde una cosmovisión ecocéntrica e indispensable para abarcar la magnitud del problema al que nos enfrentamos... hacia una militancia socio-ambiental, que simplemente sumó algunos lienzos ambientales a su propuesta política: "La prevalencia de consumo y del bienestar de los seres humanos", siempre y en todos los casos... incluso por sobre la propia supervivencia del planeta...

Durante más de 30 años quienes priorizamos la conservación del Planeta por encima de nuestras «pequeñas» reivindicaciones humanas (no digo que sean «pequeñas» para minimizarlas, sino simplemente para «dimensionarlas» en el tiempo, o como dirían ciertas comunidades aborígenes: «-Por pensar de aquí a varias generaciones»), hemos sido antes ignorados, luego satanizados y últimamente incluso agredidos, tanto por la corporación político-partidaria hegemónica y conservadora, como por algunos dirigentes asamblearios que hasta "ayer nomás" afirmaban que las plantaciones de pinos eran una buena idea para embellecer la meseta patagónica y ayudar al planeta a «mejorarse».

Claro que es difícil condenar a una persona de mi generación, criada en el tiempo de milicos fachistas vs. montoneros zurdos... en donde "la cuestión ambiental" no pasaba de ser considerada como «una huevada hippie» o un entretenimiento de niños clase media sin más preocupaciones que las de cuidar los pajaritos... Mientras los machos alfa estaban en la «guerra real» por la reivindicación de un modelo liberal y capitalista con la familia la iglesia y la patria apoyando al bando militar o en su otra opción: socialista, revolucionaria y armada... quienes reivindicaban "que la tortilla se vuelva para que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda. ...”
En ambos casos la metodología utilizada para hacer prevalecer la «única verdad»era la misma: Violencia, muerte y destrucción... hasta la victoria total, y el prevalecimiento de la ideología «perfecta» encarnada en lo más alto del poder.
En el medio de esa guerra ideológica que convulsionó no sólo nuestro país sino buena parte de Latinoamérica, comenzó a gestarse un movimiento «alternativo» y muchas veces disimulado, en donde algunas personas trataban de mirar un poco más allá de esta trágica dicotomía entre facciones distintas de seres humanos «elegidos» para implementar la famosa justicia social... que nunca llegaría...
Y nos preguntábamos, si en realidad no se estaba produciendo la conocida paradoja de los cuatro tipitos peleándose por el volante mientras el auto en el que viajaban corría aceleradamente contra un paredón... sin que nadie le preste atención al peligro más importante... (¿Que justicia social puede haber si colapsa el planeta???)...
Y comenzamos a pegar gritos de alarma a través de algunos medios independiente que hablaban de lo importante antes que de lo que se vende mejor. En nuestro país el ejemplo más claro fueron distintas revistas como "El Expreso Imaginario-Mutantia-Zaff-Pan Caliente" etc. en las que ya hablábamos sobre el famoso cambio climático (hoy tan de moda gracias a Mr. Gore y esa banda de empresarios y politiqueros, que ante la evidencia ya imposible de negar, sólo piensan en cómo sacarle rédito económico al asunto). También avisábamos sobre la deforestación masiva de bosques y selvas en todo el Planeta agravada por la indefensión legal de estos bienes naturales por parte del Estado. Pero no eran sólo esos ecocídios lo que nos desvelaban, sino que nuestro objetivo era apuntar a las raíces de semejante descalabro:
«Nuestro comportamiento socio-ambiental como seres humanos».

Y por supuesto que en ese entonces, al igual que ahora, resultaba evidente que el problema ambiental tenía su raíz profunda en la inédita e incontrolada «huella demográfica» producida por el ser humano: ¿Quién puede olvidar al poco simpático francés Jacque Cousteau mencionándolos como los problemas más dramáticos a los que nos enfrentábamos a fines de los ’60?
Claro que la manera de tratar estos temas desde una perspectiva casi mística, espiritual, ecocéntrica y absolutamente NO-violenta se volvieron más indigestos que peligrosos, para quienes preparaban la segunda conquista de América. En consecuencia, no hubo que reprimir demasiado, simplemente censurarnos y en todo caso golpear bajo desde todos los ángulos... De manera que, «gracias» a la derecha militar como a la izquierda militante, la agenda ambiental por la que clamábamos desesperados desde el principio de los ’70 se demoró y se pateó lo más adelante posible, en una típica muestra del cortoplacismo idiota que nos caracteriza como sociedad: «Escondamos la basura bajo la alfombra así no se ve... por un rato».

El mensaje ambiental desde 1976 hasta el final del siglo pasado pasó en este país a ser considerada la última de las prioridades y la ideología más devaluada por esta sociedad soberbia, patriotera y profundamente desinformada.

Estas son sólo algunas de las razones por las cuales nos ha sido tan difícil luchar desde nuestras solitarias trincheras, en contra de todo el espectro mental reinante...
Y tardamos mas de 25 años para que el movimiento ambiental, a través de una lucha desgastadora en todo el mundo, lograra hacer comprender el diagnóstico, que, lejos de ser una «boludés» de unos pocos intelectuales fundamentalistas, resultó absolutamente acertado... Además de evidenciar la importancia y gravedad de la crisis ecológica actual, no sólo para los tigres o los elefantes... sino para la propia supervivencia de la especie humana....

Y aquí llega la segunda parte de esta historia plagada como toda historia humana de oportunismos de captaciones y de «avivadas», que en definitiva, más allá de robarnos ciertas banderías por las que algunos ofrecimos buena parte de nuestras vidas... vuelven a perder el objetivo básico de las mismas, se tragan su esencia, y se imponen con la misma soberbia de siempre, largando las consignas facilistas, que la gente quiere escuchar: «Los enemigos son sólo los de afuera» (los argentinos somos siempre derechos y humanos). "Nosotros somos las víctimas eternas" (las cosas nos pasan, nunca son consecuencia de nuestro accionar...) "Venceremos y repartiremos" (en esta guerra contra la naturaleza no habrá vencedores... sólo perdedores) etc.

Y todo esto dentro de un marco cultural que lo único que busca favorecer NO es la subsistencia del Planeta, sino el mejoramiento de una sola especie... (Como si esto fuera posible)

El viejo discurso homocéntrico sin proyección de futuro... pero esta vez disfrazado de verde aceituna.

Intentaré desglosar algunos aspectos del discurso con el que no coincido:

1) En varias asambleas se vuelve a estigmatizar las concepción ancestral de la mayoría de los pueblos originarios respecto al derecho de toda la diversidad biológica que nos acompaña en este planeta. Y por más que se debata respecto a la justa reivindicación territorial de los pueblos originarios y su cosmovisión mística... lo que algunos impulsan se resume en avanzar sobre las Áreas Naturales Protegidas enarbolando la consigna: «Parques para la Gente»... Olvidando, curiosamente, la función básica y primordial de mantener amplios espacios del planeta en estado prístino y sin la presencia del ser humano (que invariablemente todo lo destruye...) Ignorando además que las ANP, son los necesarios pulmones planetarios para que los ciclos biológicos naturales puedan seguir recreando las condiciones... para el florecimiento de toda la biodiversidad, no sólo la humana... Verdaderos «Parques para la Vida» y como tales hay que conservarlas en el mejor estado posible y en todo caso aumentarlas... No invadirlas para sacarles provecho económico o asentarles más población humana» (nuevamente y de forma paradojal, en este aspecto vuelven a juntarse el discurso supuestamente de izquierda con las reivindicaciones históricas del MPN de Neuquén)..
Para dar un ejemplo gráfico de lo que trato de explicar y utilizando el mismo concepto que usó Moira Millan hace pocos días en un seminario organizado por Alas en El Bolsón: Estos territorios deben ser venerados en un forma similar a los «Rehue», aquellos sitios sagrados en donde no se podía hacer, ni tocar absolutamente nada... para el beneficio, de todas las criaturas terrícolas....
2) En otras asambleas escuchamos que se le solicita al Gobierno la relocalización de tal o cual industria contaminante (el famoso: «No aquí... simplemente tírelo más allá que hay menos gente»), y en todas... más allá de las folklóricas consignas antiimperialistas en contra del saqueo, también se escucha vociferar sobre la necesidad de nacionalizar «nuestros» minerales y en todo caso mejorar el porcentaje de regalías que le correspondería al Estado. Dos maneras de esquivar el bulto y endilgarle el costo ambiental a los que no están organizados para protestar o a los que son menos... y en todo caso, volver a negociar la parte económica de un desastre ecológico irreversible pensando en precios y no en valores...

Y en medio de toda esta confusión se insiste en esgrimir nuevamente las figuras de "los buenos" (siempre argentinos contra "los malos" (siempre extranjeros), como si todo lo que ocurre en el planeta fuera sólo negro o blanco... sin evaluar el problema de fondo:

El inédito concepto social y cultural de hiper-consumo y despilfarro no da para más.

3) Esta visión estrecha y que no ve más allá de nuestras propias narices humanas, sumada a la vivencia urbana de la gran mayoría de los nuevos activistas sociales y políticos que se florean con el discurso ambiental (personas que en su mayoría «conviven» con la naturaleza sólo a través de algún ocasional programa de TV), hacen que hoy quienes seguimos reivindicando: "Una visión más amplia, más espiritual y que remplace los derechos exclusivamente humanos para abarcar los derechos de todos los seres que nos acompañan en este pasaje temporal"... nuevamente vuelve a situarnos en el centro de un debate a veces velado pero últimamente cada vez más intolerante.
No quiero cerrar este superficial análisis de algunos de los movimientos que surgieron en el pasado reciente y que se autotitulan ambientales, aclarando «por las dudas» y ya que vivimos en una Torre de Babel en la que es usual que todo lo que se dice se saque fuera de contexto para el provecho de alguna parte, que: «De ninguna manera estoy expresando malestar respecto a la proliferación de estos grupos o asociaciones espontáneas... Por el contrario, me parece excelente y estimulante que tanta gente de repente se sume a todas las reivindicaciones que hagan falta expresar, ya que la lista de injusticias sociales es larga y siempre incompleta... Y si además de las reivindicaciones sociales y gremiales se les suma la cuestión ambiental... Bienvenidas todas... Simplemente lo que estoy tratando de expresar es que en el movimiento ambiental hasta hace muy poquito no se trataba de quien tenía el discurso más entrador, mucho menos ¿Quién era más xenófobo? ó ¿Cómo hacíamos para "conquistar" el poder?... Nunca creímos en el figureti urbano de discurso aceitado que se subió a la arena ambiental para ganar el bronce o el aplauso... sino en la castigada Pachamama».

Tengo la sensación que si la lucha se encarrila sólo por el lado de: «El Hombre se sirve primero, y si no sobra nada para el resto de la biodiversidad, mala leche...», que es una síntesis de lo que está ocurriendo a lo largo y ancho del Planeta... lo único que se habrá conseguido es cambiar de mando el volante por un rato... mientras lo que hay que hacer es sacar inmediatamente el pie del acelerador...

Pero aparentemente esto sólo ocurrirá cuando un grupo considerable de personas sientan el peligro
que van a enfrentar sus hijos...
Lamentablemente sólo ese será el momento en que comenzarán a gestarse profundos cambios en la base de la sociedad... En consecuencia:

Si no nos damos el necesario lujo de ampliar nuestra visión, incluyendo otra mirada que supere el concepto mecánico que tenemos de nuestro planeta, como si fuera un reloj de pared o peor aún, una mercadería colocada en un estante de supermercado para nuestro único y exclusivo provecho...

Si no somos capaces de sentir cada ser viviente como parte fundamental de una cadena que puede quebrarse con la sola rotura de uno de sus eslabones...

Si no somos capaces de reverenciar y respetar cada espacio salvaje como una pequeña muestra de ese paraíso, del que según muchas creencias religiosas fuimos expulsados por haber tomado una serie de decisiones equivocadas...

Si no logramos entender que cada Área Protegida pública e incluso privada, es fundamental para la supervivencia del Planeta en su conjunto...

Si no logramos dejar de lado, nuestra profunda ignorancia respecto al único cobijo que nos contiene y a la compleja dinámica que rige sus funciones vitales, (permitiendo nuestra milagrosa subsistencia entre tanto planeta desierto y galaxia inhabitable..).

Si seguimos insistiendo en que el problema es el modelo económico o social y no el sistema homocéntrico que rige nuestros pensamientos....

... Amigos... en ese caso lamento decirles que seguiremos en el horno, o mejor dicho vamos directo al micro-ondas... y ya nada de lo que hagamos va a poder torcer el rumbo fatal que supimos conseguir....

¿4.5 millones de años de supuesta «evolución» para llegar a esto???..


Quienes compartimos una perspectiva «Biocéntrica» abogamos por la protección de grandes porciones de eco-sistemas prístinos o en buen estado de conservación, la aplicación de políticas de desarrollo que se adecuen a las características naturales y a los derechos de las demás especies con quienes compartimos estos espacios... además de exigir una revisión permanente de nuestras necesidades tecnológicas y estilo de vida, para minimizar el consumo de energía y el despilfarro de bienes no renovables: «Mantener la diversidad, salvando las características de cada ecosistema». Pero sin lugar a dudas el mayor desafío que se nos presenta en la actualidad consiste en tratar de explicarle a nuestros vecinos «el verdadero costo ecológico y social» de las mega-propuestas de desarrollo que desde hace años aparecen, a lo largo y ancho de estas localidades cordilleranas. Un trabajo delicado, complejo y muy demandante, que muchas veces nos pone al límite de nuestras capacidades, ya que el sistema socio-político imperante, ha logrado disfrazarse como si fuera la «única» alternativa viable... aunque resulte evidente que un sistema basado en la sobre-explotación de los bienes naturales por parte de una especie voraz y prolífica como la nuestra, no puede perpetuarse para siempre en un espacio definido como es nuestro único cobijo habitable: el planeta Tierra.

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