sábado, 3 de diciembre de 2016

El sistema educativo como herramienta de control del pensamiento

Vicente Berenguer

Sociedad gris en la que vivimos; sociedad alienada, robotizada. Cualquiera que vaya un poco más allá de las apariencias puede percibirlo. El sistema ha ganado, o al menos gana de momento. El sistema ha anulado en las personas la capacidad de crítica, la capacidad de reflexión, y si nada cambia la sociedad está perdida. ¿Por qué? Esta es la pregunta más básica que uno puede hacer, pero la aniquilación de la reflexión llega ya a tal extremo que escuchar hoy en día un “por qué” se antoja tarea complicada. La sociedad no hace preguntas, los individuos no se preguntan, no van más allá, no exploran posibilidades ni mucho menos las conciben en sus mentes, simplemente aceptan.

Pero nada es por casualidad y esta aniquilación del pensamiento viene de lejos, viene ya del sistema educativo empezando cómo no por la escuela.
Porque el sistema educativo tal y como está planteado (tal y como lo han planteado), aparte de ser la herramienta encargada de supuestamente culturizar a los ciudadanos mediante contenidos es la herramienta con la que se anula el pensamiento, es la forma con la que se aleja a los niños, adolescente, adultos…del pensamiento, de la crítica, para a cambio llevar a todo el mundo a la aceptación de lo que se les dice, a la aceptación de las normas pero no por un proceso de reflexión sino porque ello ha de ser así.
El sistema educativo tal y como está diseñado es una de las principales herramientas del sistema en pos del adoctrinamiento, en pos del agarrotamiento mental. Allí no se fomentará la crítica, el proponer soluciones alternativas, la creatividad; en cambio siempre se plantearán problemas con una única solución: el niño, adolescente o quien fuere debe hallar la solución que ya existe o la debe memorizar pero nunca debe buscar alternativas o plantear sus propias soluciones pues estas no existen, no hay ni puede haber alternativas ni soluciones propias.
Por tanto, no se trata de fomentar la expansión de la mente sino su constreñimiento; no se trata de que la persona ponga en cuestión las normas o lo que se le dice sino de que acepte que no hay alternativa, que no hay otra posibilidad a lo ya dicho. Se trata en definitiva de “cortarle las alas” al pensamiento ya desde la más temprana edad, se trata de construir piezas para el sistema.
Así, la creatividad, la reflexión y la crítica son ahogadas desde bien pronto a cambio de tener ciudadanos dóciles y simples mentalmente, personas que siendo ya adultas serán incapaces de realizar ninguna crítica ni de plantearse ante cualquier cuestión o norma ni tan solo: ¿por qué?. El resultado pues son unos ciudadanos que no se hacen preguntas porque ni tan siquiera saben y que solo acatan lo que se les dice.
Y así, las cosas pasan de ser contingentes a ser necesarias: es necesario que el modelo económico sea el que es pues no puede haber alternativa posible, es necesario que haya gente viviendo como reyes y otras personas viviendo como perros abandonados pues lamentablemente ha de ser así, es necesario que nos gobiernen gente sin escrúpulos y es necesario que les vuelva a votar porque así es la vida y es lo que hay…y es que no hay más posibilidades que las que me plantean, es decir, solo hay una posibilidad.
De este modo la masa es una verdadera masa, una masa maleable y totalmente adoctrinable, una masa que no hace preguntas ni tan solo se las hace para sí misma, una masa superficial sin asomo de espíritu crítico. Una masa, en definitiva, como la que tenemos.

Imagenes: ‪elroto.es - ‬ Émica

La magia de la serendipia en los procesos de innovación

“Nacemos sabios y morimos idiotas, entre medio, el sistema educativo”

Efectivamente nos educan, entre otras cosas, para que planifiquemos bien nuestras tareas y organicemos bien nuestro tiempo y conseguir el máximo de eficiencia. Evidentemente, en la gestión, en la innovación, en la vida, son importantes la planificación, la organización, la estructura y el método, conceptos que todos tenemos claros e intentamos aplicar a nuestra forma de hacer las cosas. Sin embargo, nada nos dicen de aprovechar las casualidades, de dejarse llevar, mirar con nuevos ojos y mente abierta. No nos hablan del poder de las conexiones accidentales. No nos hablan de la magia de la serendipia para innovar, de aplicar una buena dosis de serendipia en nuestro día a día. Quizás tu vecino, tu hijo, tu compañero de tren o aquella persona que te cruzas por la calle tienen la respuesta que, sin saberlo, andas buscando.
 
Serendipia son los descubrimientos afortunados que se producen sin planificación.
Detrás de grandes y pequeños descubrimientos está la serendipia: la penicilina, el principio de Arquímedes, el post-it, la viagra, América, y muchos, muchos más.
Pero no es sólo una casualidad que aprovechamos, sino que es una habilidad, es la facultad de los individuos que, receptivos a la casualidad, hacen de la misma inferencias valiosas, deducciones que contribuyen a la ampliación de los campos del saber y a la innovación.
La serendipidad refleja algo que la vieja gestión se ha empeñado en obviar siempre: el fascinante poder de lo aleatorio en los procesos de innovación y creatividad,  y que se materializa gracias a una actitud de “dejarse llevar” y de huir de la “sobreplanificación”. Es la intuición, la sagacidad, la perspicacia que conduce a aplicaciones valiosas.
Serendipia son los descubrimientos afortunados que se producen sin planificación.Detrás de grandes y pequeños descubrimientos está la serendipia: la penicilina, el principio de Arquímedes, el post-it, la viagra, América, y muchos, muchos más.
Pero no es sólo una casualidad que aprovechamos, sino que es una habilidad, es la facultad de los individuos que, receptivos a la casualidad, hacen de la misma inferencias valiosas, deducciones que contribuyen a la ampliación de los campos del saber y a la innovación.
La serendipidad refleja algo que la vieja gestión se ha empeñado en obviar siempre: el fascinante poder de lo aleatorio en los procesos de innovación y creatividad,  y que se materializa gracias a una actitud de “dejarse llevar” y de huir de la “sobreplanificación”. Es la intuición, la sagacidad, la perspicacia que conduce a aplicaciones valiosas.
La serendipia es una actitud
 Serendipia es conversar con alguien, pasear por tu ciudad, navegar por Internet, leer un blog, conectar con un nuevo contacto en tu red social favorita… y dejar que la magia de las conexiones espontáneas suceda; descubrir algo que te cambia el rumbo, el enfoque de un problema, llevándote a una solución mejor.
    •    Escucha. Intercambia ideas con tus compañeros de trabajo, escucha a los que en teoría no tienen conocimientos de tu área de trabajo y sorpréndete con lo que te aportan. Serendipia es escuchar y observar sin un propósito determinado.
    •    Sorpréndete. Busca que cada día algo te sorprenda, déjate llevar por el azar de vez en cuando y descubre qué te aporta. Serindipia es fluir, es ser curioso.
    •    Sal de la caja. Utiliza el pensamiento lateral, conecta ideas dispares entre sí, inspírate para llegar a la idea brillante, el momento “Eureka”. Serendipia es crear e innovar.
Los bloqueos a la serendipia
Pero ¿qué nos impide disfrutar de momentos de serendipia?
    •    Excesiva planificación: Nos han educado para que tengamos objetivos claros y definidos en la vida y en el trabajo, y que nos planifiquemos para conseguirlos.
    •    Pensamiento lógico: Nuestra mente crea modelos fijos de conceptos, lo que limita la capacidad de uso de la información nueva. La función del pensamiento lateral es la reestructuración (perspicacia) de modelos antiguos y la creación de modelos nuevos (creatividad).
    •    Obsesión por una idea: Nos lleva a rechazar automáticamente ideas contrarias.
    •    Endogamia: Consiste en rodearnos de nuestros afines, personas que piensan y sienten como nosotros, no dejando espacio para la diversidad, que tanto nos enriquece con sus visiones diferentes.
    •    Excesiva orientación a resultados: Nos provoca visión “túnel” y estrés, apartando de nuestro camino todo aquello que a priori no asociamos con nuestros objetivos.
    •    Actitudes arrogantes y de superioridad: Creer que los demás no nos pueden enseñar nada.
    •    Rutina: Si cada día haces lo mismo, no esperes resultados nuevos.
La serendipia es una actitud. Para disfrutar de ella, necesitamos cierta predisposición, curiosidad, una mente abierta, un amplio rango de intereses y habilidad para aprovechar lo accidental. 

Fuente: https://serendipia2.wordpress.com/2015/11/30/la-magia-de-la-serendipia-en-los-procesos-de-innovacion/ 
Foto: ‪Don y Talento‬-‪www.proyectateahora.com‬

El Legado de Douglas Tompkins en Chile

Juan Pablo Orrego

Lo conocí hace 25 años en el contexto de la Campaña de Defensa del Biobío en la cual él no se involucró mayormente porque estaba recién instalándose y ya planificando la creación de áreas protegidas en Chile lo que fue su pasión fundamental hasta su partida. Junto a Kris, y otros colegas norteamericanos, él trajo a Chile la conservación privada. Antes, la conservación era un tema de Estado muy poco visible para el público en general. De hecho, Eduardo Frei Montalva fue un gran conservacionista. En Chile existen un gran número de áreas protegidas, y enormes Parques y Reservas, particularmente en Patagonia. Pero Doug y Kris trajeron a Chile la filantropía de la conservación privada, y gatillaron, quizás por ser extranjeros, la discusión sobre el supuesto choque entre la conservación y el así llamado desarrollo. Un verdadero choque de paradigmas. Esto tiene todo que ver con el hecho que el paradigma de desarrollo oficial e histórico en Chile, es el extractivismo que heredamos de nuestros ancestros españoles; esta fase productiva primaria, que algunos ya llamamos fase “destructiva” primaria: la mega minería, la pesca industrial y las plantaciones. Para este modelo, claramente insustentable si no hay una fuerte regulación y limitación por parte del Estado y la ciudadana, muchos han creído que hay que dejar el territorio lo más expuesto posible a todo tipo de intervenciones por estos sectores. Ante esta situación, global por lo demás, Doug estaba empeñado en salvar pedazos de naturaleza para que las especies silvestres pudiesen prosperar. Y privilegió a Chile y Argentina…

Así, Doug apoyó en forma pionera diversas causas ambientales: la defensa del bosque nativo (Defensores del Bosque Chileno), la promoción de la agricultura orgánica, el cuestionamiento a la salmonicultura industrial (Terram, Ecocéanos), y la emblemática campaña “Patagonia Sin Represas” (CDP), no hay duda que sin el apoyo y participación de Doug no habríamos podido salvar la Patagonia chilena de HidroAysén, que tiene de fondo la crítica al modelo energético y de desarrollo imperante en nuestro país y propuestas de alternativas… Y Doug no solamente dio apoyo financiero a todas las organizaciones del CDP, que fue importante, sino el aporte de ideas clave estratégicas.
Doug era un pensador profundo autodidacta.
“Sentimiento sin acción es la ruina del alma” este concepto de Edward Abbey era uno de sus favoritos. Y aquí ‘sentimiento no se refiere solamente a lo que siente el corazón sino también a lo sensible, a lo que la mente percibe. Doug siempre nos invitaba a mirar sistémicamente y “ver realmente lo que estás mirando”, y que para hacerlo necesitamos tener la “infraestructura intelectual” básica, lo que no significa necesariamente ir a la universidad sino auto-educarse y vivir la vida de una cierta manera y de rodearse de gente que piensa profundo y actúa consecuentemente. Una vez que te embarcas en este camino eso sí no hay vuelta atrás. Se empiezan a ver las cosas a través del lente de la historia ecológica y los procesos ecológicos. Alguna gente mira una represa y ve un lago, otros miran una plantación y ven un bosque, y quizás piensan que son “bonitos”. Siempre hay belleza en las aguas y en los árboles… pero si miras con más profundidad verás un drama: un magnífico río, un bosque nativo que fueron aniquilados para satisfacer supuestas necesidades humanas. Alguna gente mira una enorme línea de transmisión y ve progreso y desarrollo.
Doug era un valiente rompedor de tabúes y no le importaba incurrir en la furia de muchos al hacerlo. Él me hizo ver el doble golpe a los bosques originarios patagónicos: primero, los incendios intencionales promovidos por el gobierno central sólo hace un siglo atrás: cuatro millones de hectáreas de bosque nativo quemadas para ‘despejar’ los terrenos para criar ganado, particularmente decenas de miles de ovejas, para la industria inglesa de la lana; y,segundo, entonces, el sobrepastoreo generalizado. Una “minería” de los jóvenes suelos, tal como decía Doug. Pocos se atrevían a hablar de esto, porque supuestamente era ofensivo para los heroicos colonos, que sin embargo estaban acatando una política pública obligatoria.
No hay duda que Doug remeció nuestra realidad en el cono sur, en Chile y Argentina. Bastante insólito para un individuo, un conservacionista norteamericano. No es por nada que dialogaba con Presidentes, Ministros, Senadores y  Diputados, Embajadores y empresarios en Chile y Argentina, y en otras partes… incluso con un ‘príncipe’… lo que no significa que no conversaba con gauchos y campesinos, y esto tampoco fue obstáculo para que él se hiciera amigo y compañero de trabajo de gran parte de la tribu de ambientalistas chilenos, y para que él apoyara todas las buenas causas ambientales. Doug dialogaba a diario con los pensadores de vanguardia del mundo en todos estos temas. Literalmente.
Y la verdad es que todo esto lo lograron juntos Douglas y Kristine, y con los tremendos equipos de trabajo con los que se rodean y que se templan en el trabajo junto con ellos. Difícil encontrar una pareja tan sinérgica y amorosa como ellos. Kris ha dicho por ahí que “peleaban como gatos en una bolsa”, dos personalidades muy fuertes… pero uno los ve como arco y flecha, flecha y arco, totalmente de acuerdo en sus metas y cómo lograrlas. Ambos amantes fundidos de la naturaleza y su belleza.
Doug está aquí con nosotros. Para todos sus amigos es impresionante la calidad tangible de su presencia, de su huella indeleble.
Termino conjurando la imagen de nuestro último vuelo, con Doug, en su Husky, haciendo círculos, muy cerca… demasiado cerca… alrededor del recientemente colapsado cráter del volcán Chaitén, oliendo los humos sulfurosos… Doug aceptó sin problemas los estragos causados por la erupción en un sector de uno de sus proyectos más amados, el futuro Parque Pumalín. Él no toleraba, sin embargo, la eco-pática depredación de la biosfera por parte de la humanidad. El volcán no tenía opción. La humanidad sí la tiene. Douglas hizo lo posible por orientarnos en la dirección de fluir con la intimidante, misteriosa y bella sinergia de lo salvaje.

Palabras de Juan Pablo Orrego en homenaje a Douglas Tompkins, realizado en Santiago de Chile el 08 de abril 2016.  Publicado en: Boletín de ecosistemas.cl

Cuba: su nueva revolución campesina

Cuba presenta una tasa de mortalidad infantil de 4.3 por mil nacidos vivos, la mejor del continente y mejor ciertamente que la de Estados Unidos.  El sistema de salud cubano —gratuito— cuenta con la mayor tasa de médicos por habitante en el mundo entero y es reconocido como sobresaliente a nivel mundial, así como lo son sus sistemas de seguridad frente a situaciones de desastres (huracanes, inundaciones, etc.). La  esperanza de vida en Cuba es de 79.03 años, nuevamente una de las mejores del continente y  mejor que la de Estados Unidos. La educación primaria cubre al 100% de los niños y niñas, y los graduados de secundaria sobrepasan el 80%. Las alternativas de educación son diversas, permitiendo que la Universidad no sea el único camino para obtener una educación más profunda o una profesión digna y satisfactoria. Los centros de investigación son múltiples y de calidad reconocidos internacionalmente. En la agricultura, no hay área de producción que no cuente con centros múltiples de investigación y un sistema de pruebas en el campo que permita ir corroborando los avances.
 
En la agricultura, los avances son innegables. Luego de la crisis del sistema de agricultura industrial provocado por el término de los suministros provenientes del bloque soviético, se irguió un sistema de producción diversificada que ha demostrado avances innegables. Las grandes superficies de azúcar y cítricos, han dado paso a una agricultura diversificada, orientada a la alimentación de las y los cubanos. Junto a los cultivos básicos llamados “viandas” (principalmente tubérculos y raíces), ha aumentado la producción de fruta, de frijoles, de maíz, han más que duplicado la producción de carne de cerdo en los últimos quince años, y han aumentado casi un 50% la producción de huevos,  mucho de ello con tasas crecientes de productividad y eficiencia.
La situación y evolución de la agricultura campesina en Cuba es posiblemente única en el mundo. Sólo entre 2007 y 2014, la superficie agrícola en manos campesinas aumentó casi un 50%. El porcentaje de personas menores de 40 años es mayor en las áreas rurales que en las urbanas y la población rural envejece ligeramente más lento que la total, lo que indica que la juventud no está siendo expulsada del campo. En esos mismos años, las familias campesinas del mundo entero desaparecen por millones al año, y la población rural ve desaparecer a sus jóvenes.
Lo anterior no es casualidad. Se debe a las políticas públicas de fomento y apoyo a la agricultura campesina y —aunque la palabra no se utilice necesariamente en documentos públicos—  de fomento y construcción de la soberanía alimentaria. A los decretos 259 y 300 de reparto de tierras en usufructo, se suma la presencia general de la organización campesina. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) es un vehículo de apoyo y concientización que permite el avance sin par de la agroecología en la isla, demostrando como en ningún otro país que producir alimentos y cuidar la tierra y las personas que la trabajan son tareas simultáneas y complementarias.
Estos logros han sido posibles aun bajo el bloqueo económico despiadado y criminal que ha privado a Cuba de materias primas  básicas con las que no cuenta el país (como el petróleo y el acero), de herramientas, de maquinaria, de instrumentos básicos. Cualquier economía latinoamericana sometida a un bloqueo similar se declararía en la ruina total en unos meses. Cuba ha resistido 56 años.
Ninguna de estas cifras es tan asombrosa como el contacto directo con las familias y organizaciones campesinas. Conversar con ellas nos dio experiencias extraordinarias, como escuchar que la agricultura campesina es “entretenida”, u oír  gente joven que se enamoró del campo y sus labores. Varias veces escuchamos que alguien se presentaba con orgullo como campesino o campesina, explicando cómo y qué producía, y cómo cuidaba la tierra para generaciones futuras, para después enterarnos conversando que ese campesino o campesina había sido ingeniero, profesora, agrónoma o militar. Vimos personas muy jóvenes contar con entusiasmo que se estaban introduciendo en la producción agrícola. Presenciamos conversaciones de igual a igual entre campesinos e investigadores. Vimos campesinas y campesinos, jóvenes y mayores, haciendo investigación con resultados asombrosos. Encontramos un campesinado sin temor a perder la tierra producto de las deudas. Personas sanas y saludables, sin temor a la contaminación. Hallamos un campesinado digno, orgulloso de lo que hace y —qué asombro— feliz.
También vimos algo asombroso, y que abre una esperanza más para todos nosotros: las muchas personas que vuelven al campo en Cuba son luego de un tiempo difíciles de distinguir de otras personas que han sido campesinas toda su vida. Se sienten campesinos, piensan como campesinos, miran como campesinos, trabajan (con orgullo) como campesinos. Eso nos dice que para que nuestros países mantengan viva la agricultura campesina —condición imprescindible para  un futuro vivible para todos—  no necesitamos (como muchos acusan) encadenar a los jóvenes, sino posibilitar un futuro digno, orgulloso y feliz para los jóvenes que quieren permanecer y para quienes quieren sumarse.
Cuba muestra que la agricultura campesina es parte de los fundamentos de una sociedad mejor. Que lo dicho por la Vía Campesina y muchos otros de la importancia y el inigualable potencial de la agricultura campesina para proteger el planeta, alimentar a la humanidad y asegurar el buen vivir, es plenamente cierto.

Fuente: Grain.org

Permacultura: Una filosofía con los pies en la tierra

Alrededor del mundo existe una extensa y diversa red de pequeños grupos que están rediseñando su estilo de vida, contribuyendo así a la creación de una nueva cultura sustentable. Nacido en el corazón de Tasmania, el concepto de permacultura se expande generando comunidades y ecosistemas cuyo diseño está basado en la observación de la sabiduría de la naturaleza y en las experiencias de culturas tradicionales sustentables. Nuestra cronista Silvina Miguel, en su viaje personal hacia la Madre Tierra, nos lleva de la mano a comunidades de Latinoamérica y el sudeste asiático que vienen implementado la permacultura beneficiosamente.

Asomaba 2015, y la realidad tal y como yo la conocía había dado un giro de trescientos sesenta grados. Estaba precisamente en el mismo lugar en el que había estado tantas otras veces en el pasado. La sabiduría china sostiene que cuando una situación alcanza su punto extremo está destinada a darse vuelta y convertirse en su opuesta. Así que decidí sacarme del lugar en el que estaba parada en mi vida, y partir rumbo a una realidad ciento ochenta grados diferente. Meses más tarde comprendí que, sin saberlo, lo que había hecho conmigo había sido trasplantarme, extirparme de una realidad para poder echar raíces en una tierra más fértil. Así fue como un día me vi de pie, con las piernas enterradas hasta las rodillas en el barro, bajo el sol del mediodía, sembrando arroz en Ubud, Bali, Indonesia.
Fue exactamente allí, en los campos de arroz de la ONG Sawah Bali, durante mi primera experiencia de voluntariado en el sudeste asiático, que supe de la existencia de la permacultura, gracias a un grupo de apasionados y generosos permacultores cuyo ejemplo me condujo hacia el descubrimiento de esta ciencia de diseño que se ha convertido en mi nueva filosofía de vida.
Uno de ellos fue Steffen, mi mentor y fundador de la ONG Emas Hitam Indonesia, quien a pesar de considerar que a la permacultura no hay que explicarla, sino practicarla –porque su significado se vislumbra en la ética y en los principios que la sostienen– respondió así a mi pedido de que pusiera en palabras lo que representa para él: “La permacultura reconoce la interconectividad fundamental que existe entre todas las formas de vida que habitan el planeta, nos muestra de qué manera podemos impactar positivamente en él, en lugar de actuar como parásitos, y nos propone un camino hacia la integración en armonía”.
Ida y vuelta, expansión y contracción
Con Emas Hitam Indonesia, los voluntarios aprenden a sembrar la tierra, proteger las semillas y reciclar los desperdicios.
El Club de Roma fue un grupo de treinta intelectuales que, convocados por el economista Aurelio Peccei, se reunió en 1968 en la Accademia Nazionale dei Lincei de la capital italiana con el fin de discutir los desafíos a los que se enfrentaba la humanidad, considerando que las políticas de Estado que se estaban aplicando en el mundo entero no estaban necesariamente teniéndolos en cuenta. Tras años de estudio y de análisis, publicó en 1972 el informe Los límites del crecimiento en el que se planteaba por primera vez que el tren de consumo lineal de los recursos del planeta al que estaba sumida la sociedad moderna alcanzaría en pocos años su punto culmine, a partir del cual sólo existiría la posibilidad de un descenso energético.
Cuatro décadas más tarde, el tren apenas parece estar disminuyendo su velocidad, aunque continúa avanzando. En esa misma época, tres años más tarde, Masanobu Fukuoka publicaba su libro La revolución de una brizna de paja, en el que además de inspirar filosóficamente a sus lectores, proponía la no intervención del ser humano en la naturaleza, la agricultura natural, un regreso a las maneras preindustriales.
Fueron aquel informe del Club de Roma, presentado por la científica ambiental y escritora Donella H. Meadows, y las enseñanzas del filósofo y agricultor japonés los que inspiraron a los australianos Bill Mollison y David Holmgren a proponer una solución a los retos planteados. Una solución basada en el diseño. Así como en una ética y en un puñado de principios que han ido evolucionando con los años. Mollison, científico, académico y ganador, en 1981, del premio Right Livelihood, en reconocimiento a su trabajo en el desarrollo y la divulgación de la permacultura, la define como “un sistema de diseño que genera un patrón, organizando los elementos en una estructura que funciona para toda la vida”. Mientras que Holmgren, discípulo de Mollison y autor del que es hoy mi libro de cabecera Permacultura, principios y senderos más allá de la sustentabilidad (2002), la describe como una “ciencia de diseño consciente de paisajes que imitan los patrones y las relaciones de la naturaleza mientras suministran alimentos, fibras y energía abundantes para satisfacer las necesidades locales”.
Ajustando el foco
El cuidado de la tierra, el cuidado de las personas y la redistribución de los excedentes constituyen la ética de la permacultura, en la que está incluida la innegable interconectividad que existe en el universo. Todo y todos somos parte de esta “telaraña cósmica” a la que se refieren tanto la física atómica como el misticismo oriental. Estamos interconectados, y por eso no solo somos responsables de nuestros actos, en función de cómo afectarán a la tierra, a las personas y a nosotros mismos, sino que además tenemos un potencial de poder y cambio infinito.A mi primera experiencia de voluntariado en Sawah Bali, le siguió, ya en este 2016, una temporada de entrenamiento con mi mentor Steffen en su huerta Earthbound Permaculture, que es la base de operaciones de su ONG Emas Hitam Indonesia, en Peliatán, Ubud, Bali. Allí, mientras profundizaba mi camino de regreso a la tierra y a mí misma, descubrí los pilares primordiales de la permacultura que cambiarían mi vida para siempre: la ética y los principios que la sostienen.
Los fundamentos de la permacultura son varios y se han ido revisando y agregando nuevos con el tiempo y la experiencia de campo. Mollison propuso los primeros en sus libros Permacultura: Un manual para diseñadores (1988) e Introducción a la permacultura (1991), mientras que Holmgren, en su Permacultura, principios y senderos más allá de la sustentabilidad, los reformuló dentro de un contexto filosófico. De aquellos primeros, “trabajar a favor y no en contra de la naturaleza”, “realizar el menor cambio con el mayor efecto posible” y “el problema es la solución” son los que más llamaron mi atención. En el sentido común de facilitar y no impedir, de mover esa pieza clave que activa el mecanismo, de ver cómo el problema puede ser una solución radica el sentido revolucionario de la permacultura. “Aunque los problemas del mundo son cada vez más complejos, las soluciones continúan siendo vergonzosamente simples”, señaló Mollison.
Por otro lado, los principios reformulados y contextualizados por Holmgren constituyen la lente a través de la cual contemplar la vida: “observar e interactuar”, “captar y acumular energía”, “obtener una cosecha”, “aplicar la autorregulación y aceptar la retroalimentación”, “usar y valorar los servicios y recursos renovables”, “dejar de producir residuos”, “diseñar desde los patrones hacia los detalles”, “integrar más que segregar”, “usar soluciones lentas y pequeñas”, “usar y valorar la diversidad”, “usar los bordes y valorar lo marginal”, “responder creativamente al cambio”.
Reaprendiendo el mundo
Nací, nacimos, en este mundo de concepción lineal. Es decir, un mundo en el que tomamos, utilizamos y desechamos. Un mundo en el que el ser humano parece estar por encima de la naturaleza, aprovechándose de todo aquello que ella provee como si se tratara de una fuente infinita de recursos. Un mundo en el que evitamos hacernos preguntas incómodas. ¿Qué vamos a hacer cuando los recursos, que no son infinitos, se acaben? Peor aún, ¿qué estamos haciendo con esos recursos hoy?Nací en 1970, un par de años después de la reunión del Club de Roma y un par de años antes de que se emitiera el informe Los límites del crecimiento. Viví durante 45 años en Buenos Aires, Argentina, Sudamérica. En ese mundo que todos conocemos como “civilizado”. Como la mayoría de las personas que conozco y que ha sido parte de mi vida, llegué a este planeta en el apogeo de la industrialización y el capitalismo.
Al respecto, Fritjof Capra, doctor en Física de la Universidad de Viena y autor del best seller El Tao de la física (1975), en el que explora cómo la física moderna y el misticismo oriental llegan por diferentes caminos a la misma visión holística del universo –que es medular en la permacultura–, concluyó: “Los principales problemas de nuestro tiempo –la amenaza de la guerra nuclear, la devastación de nuestro medioambiente, nuestra incapacidad por acabar con la pobreza y el hambre en el mundo, por nombrar solo los más urgentes– constituyen todos facetas de una misma y única crisis, que básicamente es una crisis de percepción. Se deriva del hecho de que la mayoría de nosotros –y especialmente nuestras más grandes instituciones sociales– apoyamos los conceptos y valores de una visión del mundo obsoleta, apoyamos un paradigma que es inadecuado para tratar con los problemas de nuestro sobrepoblado e interconectado mundo”.
Siendo el cambio
En mayo de 2016, el primer capítulo de mi historia con Bali y con la permacultura llegó a su fin. Había pasado un año desde mi partida y era tiempo de poner en perspectiva ese nuevo mundo lleno de posibilidades que había descubierto allí. De regreso en Sudamérica, decidí profundizar mi exploración y me inscribí en el Curso de Diseño de Permacultura (PDC, por sus siglas en inglés) que dicta anualmente el equipo de Casa El Manzano, en Cabrero, Chile. “Lo que más me motiva de la permacultura es la capacidad de co-creación”, reflexionó en nuestra conversación Javiera Carrión, una de mis maestras en el curso de diseño, integrante del Instituto de Investigación en Permacultura de Chile, de la Aosciación GAIA y fundadora, junto su familia, de la comunidad El Manzano –primera en transición de Latinoamérica–.
“Llevaba mucho tiempo siendo muy consciente de que las cosas no estaban bien, y hacer el PDC fue la gotita que le faltaba al vaso para lanzarme a realizar algo diferente de lo que se estaba haciendo convencionalmente”, alegó Javiera contándome qué fue lo que la enamoró de la permacultura. El resultado de esa inspiración es hoy la pequeña comunidad de la región del Bio-Bío de Chile cuya misión es “mantener una convivencia familiar y comunitaria creativa, empoderando personas, conectando comunidades e incubando proyectos regenerativos en la búsqueda y la aplicación de soluciones a los desafíos sistémicos de la vida humana en el siglo XXI”.
Y como explicar algo entraña mostrar cómo está enlazado con todo lo demás, la enorme tarea de “ser el cambio”, como se ha planteado esta comunidad y otras alrededor del mundo, no es una tarea sencilla. “Los avances tecnológicos están, y trabajar con la naturaleza es más fácil que trabajar con los seres humanos. El desafío es crear comunidad”, destacó Javiera; y agregó que “las nuevas generaciones nacimos en el contexto de una sociedad con un paradigma individualista. El modelo neoliberal de dependencia es muy fuerte. Sin embargo, hasta no hace mucho existía un modelo de vida en comunidad, en el que las diferentes generaciones convivían, solo que desde hace unos cien años perdimos esa capacidad de vivir en comunidad. Hay que reaprenderla. Estamos en una etapa experimental. Tenemos que aprender nuevas formas de organización, de comunicación, de convivencia que no fueron parte de nuestra crianza. Y ahí hay un desafío muy interesante”.
Aprendizaje
Fueron largas jornadas colmadas de nueva información sobre un planeta que creía conocer. Días de asimilar un sentido común que no existe en la realidad que vivimos. Como, por ejemplo, que el mismo agua que utilizamos para desechar nuestros excrementos es la que bebemos del grifo o que recorremos varios kilómetros para ir a un supermercado a buscar productos que no sabemos de dónde vienen en lugar de trabajar nuestro pedazo de tierra, por más pequeño que sea, y cultivar nuestro propio alimento.El Curso de Diseño de Permacultura implicó dos semanas intensas de mi vida, en el frío invierno del sur del continente sudamericano. Fue un proceso de aprendizaje y desaprendizaje, de impotencia y empoderamiento, de toma de conciencia, de adquisición de herramientas. Empezando por aquellas que nos ayudan a repensar el mundo.
En esas jornadas aprendí que si nos tomamos el tiempo suficiente para observar e interactuar con la naturaleza, para luego tomar una primera decisión basada en nuestro conocimiento de la misma y aplicando los principios de la permacultura, cultivar nuestra tierra y autoabastecernos no es esa ardua tarea diaria que muchos consideran que es. Aprendí que en la salud del suelo que habitamos reside nuestra propia salud y que hay distintas técnicas para evaluarlo, identificarlo, fertilizarlo y protegerlo como la base de nutrición que es para nuestros cultivos, que son nuestra comida. Aprendí que la integración y la biodiversidad, que tanta mala prensa tienen en la realidad que habitamos, son clave en la naturaleza y, por supuesto, en nuestra huerta. Aprendí que las plantas colaboran entre ellas de maneras que los seres humamos parecemos incapaces de imitar. Aprendí que cuando plantamos un árbol, plantamos un bosque. Como el Tagasaste que planté en Cabrero o el Moringa que planté en Bali. Aprendí que somos la naturaleza, y que somos eslabones fundamentales de la comunidad universal.
Ahora, el desafío es compartir, comunicar, inspirar. Para Steffen, mi mentor y fundador de Emas Hitam Indonesia, la mejor manera de explicar la permacultura es “no tratar de hacerlo”; simplemente hacer, desde uno mismo. Para Javiera Carrión, de Casa el Manzano, el mejor modo de divulgarla es “con el ejemplo”, así como “a la vida en comunidad, hay que verla en acción. Y por eso es importante generar este tipo de espacio”. David Holmgren está de acuerdo con ellos, y así lo manifiesta en los 8700 metros cuadrados de su propiedad Melliodora, el ámbito de permacultura en acción mejor documentado del mundo, ubicado en Central Victoria, Australia.
Huerta de Earthbound Permaculture
Si tuviera que elegir, lo mejor de todo lo que nos enseña la permacultura, es que, en un mundo que siempre nos dice qué hacer y cómo hacerlo, que se debate sin medias tintas entre lo que está bien y lo que está mal, la permacultura, como la filosofía oriental, nos motiva a encontrar nuestra propia manera. Como tantas veces nos recordó a los asistentes al PDC en Chile Grifen Hope, profesor de El Manzano, “somos los co-creadores de nuestra propia realidad”.
Entonces, ¿por dónde empezar? Tal vez por el principio, por observar la realidad que nos rodea e interactuar con ella. Un puñado de seres humanos podemos cambiar el mundo, lo importante es comenzar por nosotros mismos. Así que propongo que, al terminar de leer esta crónica, te dirijas a tu jardín, te ubiques en el medio de esa tierra y, allí donde antes no divisabas nada, descubras ahora un mundo de posibilidades, y que empieces por cambiar solo lo que puedas.
Cuanto más capaces seamos de autoabastecernos, menos dependeremos del sistema, tal y como está planteado. La idea de cultivar nuestro propio alimento, así como la idea de vivir en comunidad, como decía Carrión, “no son ajenas a los seres humanos”. Simplemente dejamos de hacerlo. Nos alejamos de la tierra y nos subimos a una realidad de cemento, consumo y desconexión. De la mano de la permacultura, su ética y sus principios, podemos volver, de a poco, a la simpleza.
Así como nos subimos al tren, podemos bajarnos o podemos encontrar un punto medio. Es el caso del “green tech”, uno de los posibles escenarios futuros que plantea Holmgren en su libro sobre cómo podrían las comunidades adaptarse a una realidad amenazada por el consumo indiscriminado de petróleo y el cambio climático. Por otro lado, si bien no debemos reducir la permacultura a un manojo de técnicas, podemos comenzar por reutilizar los desperdicios, por consumir productos locales, por elegir de modo más eficiente los materiales que utilizamos, pero sobre todo detenernos a pensar si esta realidad es realmente la única posible o si podemos co-crear una diferente.

Chile: Huemules en libertad

Cinco ejemplares fueron reintroducidos en la Reserva Huilo Huilo. Ahora vivirán en medio de la selva valdiviana.
 
Parece una paradoja, pero Neltume, en la Región Los Ríos, donde ayer fueron liberados cinco huemules machos criados en semicautiverio, tuvo un récord ambiental negro: fue una de las mayores áreas de tala del bosque nativo en Chile hasta la década de los 90. Ese mismo sector se ha convertido ahora en un área protegida privada, de 100 mil hectáreas. Un centro para la protección de los ecosistemas.
 
La reserva biológica Huilo Huilo inició este proyecto con ciervos en 2005, cuando un vecino de Villa O’Higgins, en Aysén, donó los huemules Tranca y Llefquén -en peligro de extinción- que habitaban en la fundación creada por la familia Petermann.
Luego, se reprodujeron en un sector especial de 105 hectáreas. “Este animal habitó por años en el lugar y es un ‘paraguas’ para la supervivencia de otras especies que sólo están presentes en Chile y Argentina”, informó Rodolfo Cortés, director de la Fundación Huilo-Huilo.
Ayer, se liberaron los descendientes de aquella pareja al medio silvestre, con el objetivo de que se adapten al bosque templado lluvioso, donde existen árboles de hasta 600 años. La conservación de estos mamíferos es clave, pues su población sólo alcanza los 1.500 individuos.
Los animales que saldrán al parque privado son parte de un grupo de 17 individuos que viven en un espacio situado en la precordillera. Serán monitoreados a través de collares satelitales, que detectan su ubicación en la selva.
Se espera que luego de ser reintroducidos convivan con el pudú, pero también con pumas, su mayor depredador. Estos mamíferos -no exhibidos a los turistas en la reserva, según aclara la fundación- son protegidos por los lugareños. El ambiente al que llegarán está formado por bosques de roble, raulíes y coigües, cerca del volcán Mocho Choshuenco.
El ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier, sostuvo que esta especie está protegida por ley, por lo que no puede ser cazada bajo ninguna circunstancia desde 1929: “Por ello, valoramos la reinserción del huemul en una zona de la que desapareció en los años 80. La información recogida en este lugar es de gran valor para nuevas iniciativas de conservación”, añadió Badenier.
 
Fuente: La Tercera

Estas imágenes nos muestran la extraordinaria vida salvaje de una reserva natural en Kenia

Las fotografías forman parte de The Mara, libro publicado por Anup Shah y su trabajo nos permite conocer la belleza salvaje de estos animales en libertad.
 
Las fotografías nos permiten, entre otras cosas, viajar sin límites y conocer la realidad en torno a otros paisajes en el mundo. Podemos ser testigos de la belleza de la naturaleza y la maravillosa vida de los animales que pueden correr libremente.
Anup Shah, famoso fotógrafo dedicado a la vida salvaje, ha publicado un nuevo trabajo con imágenes tomadas en la Reserva Natural Masái Mara, en Kenia,
Las fotografías están en blanco y negro y dan un acercamiento íntimo y cercano a la vida en libertad de leones, cebras, cocofrilos, elefantes y otras especies de animales.
Shah, quien creció en Kenia, nos permite conocer de manera estrecha la belleza salvaje de estos animales viviendo en libertad en la reserva. Su libro de fotografías se llama The Mara y contiene cien fotografías.
"Las imágenes cuentan historias de ira, muerte, esperanza, llegadas y salidas, y proporciona una sorprendentemente fresca y rara visión del ciclo de la vida en esta reserva mundialmente famosa", señala una publicación del Museo de Historia Natural de Londres.
Acá puedes ver algunas de estas extraordinarias imágenes:


 
Fuente: veoverde.cl